Celeste


Una escandalosa carcajada, cornetazos, humo negro saliendo del escape.

- Ese Rafa si es güevón, vos creéis que yo me voy a matar
Porque la mujer mía me deje, no joda.


Un carro frena chirriando en el asfalto y su conductor grita:

- ¡Respete el pare!

José responde con un grito de filosofía nihilista

- ¡No hombre guevón, andá a mamar!

Continua su dialogo y especie de declaración interna de principios con un compañero de la línea que iba a buscar un repuesto para su Dodge Dart. 


El Maverick por puesto de la ruta 18 de Octubre-Centro también era ocupado por una señora bien gorda y despeinada, una madre soltera con sus dos hijos pequeños, que destruyen la paciencia y un joven Office boy, nervioso por ser este su primer día de trabajo.

- Ah, bueno como te iba diciendo, tantas mujeres que hay porai y se va a envenenar porque la otra lo dejó.


- Y que se tomó una vaina de esa pa’ matar hormigas, pero
Ya y que se está recuperando oíste. Le lograron sacar
La molleja esa a tiempo.


- ¿Así es la verga? ‘ta bien, bueno se salvó de esta,
Ahí tiene otro chance a ver si lo va a desperdiciar.

- En la esquina señor.

El tímido Office Boy llega a su destino y trata de bajarse entre los gritos y empujones de los niños y su madre. 


Una vez que el pasajero está afuera, el chofer reanuda su ruidosa marcha dejando atrás la estela de humo negro, frenazos, cornetas e insultos bien corrosivos.

La ruta hasta el centro y viceversa fue recorrida exitosamente por José y su oxidado Maverick 76 “celeste desgastado”. Como era de esperarse, fue un día tranquilo y sin novedad: colas, gritos, abusos de carretera y pasajeros variopintos; universos de a pie que se debaten entre la ruina y la gloria.

A las siete y media José llega a su casa, mete su carrito en el garaje.


 En la cocina le echa la bendición a Cristofer y Magda, saluda a María con un beso en la mejilla; ella toma el dinero de la jornada de trabajo. Minutos después todos están en la mesa. Al terminar la cena, un poco de televisión: la novela de las nueve, que el hombre del volante no termina de ver debido al cansancio.

- ¡Kikirikiiiiiiiiiiii !!!!

El trabajo de los gallos irrumpe por la ventana acompañado por el rugir de un motor diesel, seguidamente hay un coro de pipotes rebotando en el piso. El ronquido de José es otro sonido mañanero que no se inmuta.

Ya aclara, el ronquido se apaga. José despierta, se le ha hecho un poco tarde. La respectiva sentada en el water clock, el bañito, la cepillada.

Vestido y fresco va a la cocina por su acostumbrado café para comenzar el día. No hay.

- Verga

José sale al garaje, se embarca en el “por puesto”. El carro no prende. Se baja enfadado.

- ¡Primero el café, ahora la verga esta, amanecí bonito pues!

Abre la capota. Se queda mirando el motor; ajusta los cables de la batería y se monta de nuevo, pasa switch y afortunadamente el motor responde.

- Verga menos mal

El conductor sale a buscar a dios con su humeante vehiculo en medio del picante sol, que ya es tema del día, e irá arreciando a medida que transcurren las horas, y con ellas, los embotellamientos, los gritos, las cornetas, los frenazos y el transporte de pasajeros que andan en lo mismo que el conductor: Yendo y viniendo por la vida, buscando el camino más corto.

Es un anochecer lleno de naranja y gris. Por un lado, el sol en su ocaso se niega a morir. Desde el este, las nubes arropan todo a su paso, llenas de aguas tormentosas. El Maverick llega con el motor ronco. Su conductor llega con ganas de mear.

- Mari ya llegué.

Hay silencio y luces apagadas.

- ¿Mari…?

Magda sale de su cuarto sin decir una palabra.

- Verga prendan la luz aunque sea.

Seguidamente José va a cada rincón donde hay un interruptor para iluminar la casa.

- ¿Y tu madre?

- Se fue

El rostro de la niña es confuso. Cristofer aparece sudado y con su balón en la mano. José no comprende.

- ¡¿Cómo que se fue?! ¡¿Pa´donde?!

Magda respondió con profundo deseo de saber lo mismo

- No sé

Cristofer fue más abundante en respuestas

- Nos llevó esta mañana a la escuela con el señor del aseo
Y allá nos abrazó y nos dijo que no podía inos a buscar.
Nos mandó a portános bien y nos mando a decite
Que te quiere mucho y que no tenéis culpa de nada

- Y que por favor, la perdonéis.

Completó Magda.

Un flash los encandila y un pummmm les deja sordos. Oscuridad total. De pronto otro relámpago ilumina por unos instantes sus rostros perdidos. El techo de zinc comienza a recibir la tormenta.

Nadie pudo dormir hasta bien entrada la madrugada por la borrasca de sentimientos y pensamientos oscuros. La lluvia dejó de caer a eso de las cinco de la mañana.

Después de un corto dormitar, José abre los ojos y extiende la mano buscando el cuerpo ausente de María. Se sienta y no deja de mirar el piso. Tose, tose, tose.

Los sonidos del exterior entran por la ventana como cada mañana. El pasar de los carros sobre el asfalto mojado y una tremenda claridad de sol tomando venganza recuerdan que hay trabajo por hacer.

La cafetera está vacía otra vez. El Maverick está frente a la casa. Se le olvidó guardarlo. José se introduce y un fuerte olor a moho golpea su olfato. Primero escampa afuera. Pasa switch, switch, switch, switch. Nada.

José repite la letanía de bajarse y revisar el motor. Ajusta los cables de la batería, pasa switch, nada. Carburador, nada. Arranque, nada. Motor ahogado. El chofer mira su casa desierta por un rato buscando su imagen y la de su familia.

Un claxon saca a José de su desesperada ilusión.

- ¿Que fue mijo?, ¿tay quedao?

José niega en silencio.

- Viste que el mío quedó como una verga.

Le comenta en voz alta el hombre a bordo del Dodge Dart con identificación de porpuesto.

- ¿Te ayudo o qué?

- No, dale nos vemos ahorita en la parada.

Contesta José en una convincente actuación de que todo está bien.

- Okey, nos vemos

El Dodge arranca dejando una estela de humo, mientras José se queda parado frente a su carro. Tose, Tose, Tose.

La casa silenciosa y sombría recibe inmediatamente la presencia de José, que ha entrado a buscar algo con que arreglar la falla de su vehiculo.

Una caja de madera que contiene varias herramientas y productos para carros es el objetivo de su búsqueda. La encuentra y empieza a hurgar en ella. Consigue la botella de “Relámpago”: “El limpia motor que pone a rugir su automóvil”.

Tres días han pasado y el Maverick celeste permanece inmóvil frente a la casa oscura y solitaria. En el Hospital Universitario, el cuerpo de papel al que quedó reducido José, pierde la batalla contra el envenenamiento, complicado con un cuadro de neumonía. Los médicos lucharon hasta el final para detener su partida.

En la misma unidad de cuidados intensivos una familia está feliz por la mejoría de su hijo menor, aunque eso haya costado la hipoteca de la casa en medicinas y aparatos.

La mañana siguiente, un Dodge Dart recoge pasajeros en su acostumbrada ruta de trabajo. Ya lleva sus cinco puestos ocupados. 


La luz roja de un semáforo le hace detener. A su lado se para un compañero de la misma línea: “18 de Octubre-Centro”, tripulando un Fairlane 500.

El chofer del gigantesco auto llama la atención del conductor del Dodge:

- ¿Hey, supiste?, José ya peló bolas

- Más bien aguantó mucho, vos sabéis que es tomar limpia
Motor, y de paso, complicao con neumonía.

- Ese José si es güevón, creía que se iba a salvar como Rafa.

- Bueno, que dios lo tenga en la gloria y lo perdone. Bien güevón que resultó ser. Vos creéis que yo me voy a matar porque la mujer mía me deje, ¡no joda!

El semáforo cambia a verde y ambos carros arrancan como si se tratara de un rally, irrespetando el transito, haciendo estallar los gritos, insultos, cornetas e incrementando el stress y el calor en una ciudad donde todos juran ir por una ruta segura.


© Edwing Salas.

Foto: www.maverickcometclub.org

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