Humedad sobre la harina


Gris plomo, así luce el manto de nubes que se acerca por el noreste. El sol, ya adelantado hacia el oeste. Destella más que nunca, su amarillo se hace más contrastante con respecto al cúmulo de gases cargados de agua que penden de un hilo.

El vecindario de clase obrera está desierto. Tres y media de la tarde y sus techos temen lo peor. Un taxi con el mismo color del cielo encapotado se detiene frente a una panadería sin clientes. Tres mujeres reposan su modorra tras el mostrador. Un hombre bajo desciende de la parte trasera del vehículo.

Las mujeres se preparan para atender con todo el cansancio del día. El hombrecillo de rostro petrificado y mirada escurridiza salta el mostrador, presenta su pistola y las mujeres se paralizan como tocadas por un rayo.

Es domingo, hay silencio. Pan de queso recién hecho, el pan dulce redondo y el popular pan francés acaban de salir del horno; están frescos; son testigos silentes de la acción que realiza el hombre blanco, treintón y con pinta de pocos amigos.

Se escucha a lo lejos un trueno.

Una lágrima brota de un ojo, pero la mujer que la produce hace un esfuerzo sobrehumano y la contiene.

El trío de féminas laboriosas hacen todo lo que se les ordena en silencio. Una gota cae en el asfalto, inmediatamente se vaporiza generando un "chizzz" que nadie oye.

Caja registradora, efectivo...la mirada del asaltante se detiene en los panes, pero inmediatamente se desvia hacia la balanza electrónica. Toma el pesado aparato y se olvida del pan francés, las quesadillas y el pan de guayaba.

La puerta del taxi, aún abierta, permite la entrada del asaltante, cuya faena ha sido exitosa. Se cierra la puerta, el taxi gris plomo arranca.

Las panaderas estallan en llanto. Las gotas caen con más frecuencia sobre la calle. Son las cuatro... Los ancianos acuden a la panadería a comprar la merienda o la cena. Llegan familias en sus automóviles...una madre llega con sus hijos a comprar refresco y galletas.

Tras el mostrador no hay tiempo para lamentos, no hay caja registradora, no hay balanza, pero los clientes, dinero en mano, claman por el pan...se corre un breve rumor.

Las obreras de levadura se abren con sus vecinos del barrio. Las lágrimas ya corren con naturalidad.El pequeño comercio se llena de gente.

Las nubes se han abierto y dejan caer el material que llevan en sus entrañas.

- Menos mal que nadie murió

-Gracias a dios...

Domingo ladilla, lluvioso, con sol, aburrido.

(C) Edwing Salas

Imagen:http://caballerotrueno.files.wordpress.com

Comentarios

Comella ha dicho que…
Interesante blog