Modelo a escala



Hoy se cumplen 10 años de una tragedia que conmovió al mundo y cuyas heridas aun están frescas. Recuerdo que senti una gran frustración e impotencia al saber que esa ciudad estaba siendo atacada. El mundo no ha vuelto a ser igual y New York mucho menos. Hoy habrá lagrimas sobre el Ground Zero de la Gran Manzana, pero algo dentro de mi dice que los marabinos tambien tenemos nuestro Ground Zero ( o zona de desastre), convivimos con ella, paseamos por sus orillas y la atravezamos cada vez que podemos. Nuestra zona cero es silenciosa y húmeda. A principios de este año participé en un concurso de ensayos dedicados al Lago de Maracaibo, auspiciado por una importante organización ecologica de la región. Y adivinen...no gané, pero bueno, asi es mi relacion con los cuncursos y certámenes. Ni modo.
Lo importante es que aprovechando los recientes aniversarios del lago y la ciudad, ahora podrán leer el susodicho "ensayo", el cual, está inspirado en hechos reales y se llama "Modelo a escala".
Para mejorar la experiencia de lectura, acompaño el texto con un video bien fuera de pote que he conseguido en youtube, el cual, ya han podido ver arriba. Bueno aqui les va el escrito:


En los predios de la Facultad de Agronomía de La Universidad del Zulia se encuentra una estructura cuyas dimensiones calculadas a vuelo de pájaro pudieran medir ochenta metros de largo por treinta de ancho. Lo primero que piensa la gente cuando lo ve es que se trata de un viejo tanque. Quizás, una piscina abandonada que, como todo lo que sucede en esta ciudad, tuvo su auge y caída.

Dentro del foso hay engranajes de hierro con las costras del óxido, es un perfecto refugio de reptiles, roedores, cucarachas y hasta una colmena de mortíferas abejas africanas. La estructura fue construida en los años sesenta del siglo XX y era conocida como el Modelo Hidráulico del Lago de Maracaibo.

Corre el año 1969 cuando llega a la ciudad, por petición del Instituto Nacional de Canalizaciones, un equipo de ingenieros y topógrafos enviados desde Laboratorios Hidráulicos Lamarit de Caracas para estudiar la cuenca marítima del lago y determinar sus niveles de salinidad causado por la entrada del mar, como consecuencia del dragado para el canal de navegación.

“Todo trabajo que hacía el hombre en el lago influía en el ecosistema y se nos encargo medir el impacto de cada una de esas modificaciones para realizar controles que permitieran conservar su identidad biológica”, recuerda Germán Salas, uno de los topógrafos que vino para trabajar con el modelo hidráulico.

En el centro del estuario, con el sol en medio del cielo, Jinhdry Brezzina, ingeniero Checoslovaco, jefe del equipo, Germán Salas y otros compañeros realizaban las batimetrías. Pasaban todo el día midiendo con el mareómetro mientras se cocinaban en baño de maría gracias a los rayos ultravioletas refractados por las aguas del lago.

A pesar del calor en el bosque de torres de perforación, la jornada transcurría entre leyendas contadas por los ayudantes de los científicos, todos oriundos de la Costa Oriental: Los Puertos de Altagracia y los poblados del sur, como Gibraltar y Bobures.

El Ingeniero Brezzina se llenaba de buen humor al contemplar el fervor con que esos hombres le contaban la leyenda de la tablita que fue descubierta por una humilde lavandera y que contendría el milagro de la Virgen de Chiquinquirá.

También conoció cómo el Cristo Negro navegó por esas aguas guiado por el viento, terminando en las orillas de Maracaibo, para tristeza de los pobladores de Gibraltar, quienes lo reclamaban con el corazón en la mano.

En otras ocasiones los piratas se hacían presentes en la memoria de los cuentacuentos, relataban la hazaña del legendario Henry Morgan cuando en 1669 derrota a una escuadra española sobre esas mismas aguas.

Camino a tierra, en la lancha de canalizaciones, los ingenieros y topógrafos seguían atentos a las narraciones de estos hombres con venas de manglar y genio de brisa costera.

Una vez recolectada la información en aguas lacustres, se realizaban las pruebas dentro del modelo hidráulico, cuya escala es de 1000 x 1000, es decir, que 10 centímetros equivalen a 10 metros. La piscina contaba con un sistema para emular el oleaje y además estaban representados los once afluentes más importantes que desembocan en el estuario, entre los más conocidos están los ríos: Limón, Catatumbo, Palmar, Tama y Chama.

El equipo de jóvenes científicos dió lo mejor de sí, tenían la convicción de que su trabajo perduraría en el tiempo como una contribución a los habitantes de Maracaibo, al país y a la humanidad. Estaban seguros que sería un ejemplo para el mundo. Se imaginaban como la comunidad internacional tomaría al antiguo Lago Coquivacoa como ejemplo de desarrollo sustentable.

El Instituto Nacional de Canalizaciones recibió el modelo hidráulico. El trabajo desempeñado por el equipo de Caracas se cumplió a cabalidad. Tiempo después, el modelo pasa a manos de La Universidad del Zulia, donde personal calificado daría continuidad a los trabajos de Brezzina y compañía.

Cuarenta y un años después, desde que se hicieron esos trabajos de investigación para el Instituto de Canalizaciones, cabría mencionar un dicho popular que dice: “Tanto nadar para morir en la orilla”. Expresión que denota cuando todo se abandona a pesar del esfuerzo o cuando después de tanto insistir, terminamos dándonos por vencidos.

Surge la interrogante con olor a combustible fósil y desecho humano que nos remite a orillas tornasoladas y niños nadando felizmente entre peces, sapos, perros y gatos en descomposición. Aunque la vista desde cualquier azotea no deja de ser hermosa.

Las universidades también son modelos a escala. Modelos a escala de la sociedad que conforma una nación. Donde se refleja la conducta, la mentalidad y la naturaleza de sus pobladores.

Así como se abandonó el trabajo con el modelo hidráulico y nadie intenta rescatarlo con herramientas adecuadas, así mismo es la historia del Coquivacoa, donde el reflejo de sus aguas de cristal fue sustituido por la opacidad y la fetidez, donde no hay tablitas milagrosas, ni reliquias mágicas, pero si mucho pirata, el saqueo de almas y existencias futuras continúa.

El temible bucanero vive en nosotros como un Mister Hyde antropológico que nos recuerda nuestra condición de sociedad egoísta y cortoplacista. Lo peor de todo es saber que existe solución a mediano y largo plazo, los niveles de salinización o contaminación pueden controlarse y hasta revertirse, hay personas, organizaciones, hombres de ciencia dentro y fuera del país que trabajan a diario para lograr este objetivo, pero hasta ellos mismos saben que el costo cultural y político es aún más alto que el costo técnico o monetario.

¿Cuantos adoradores de la Chinita, el puente, el lago y la gaita no hemos visto arrojando desechos a las calles y en las propias orillas del estuario?

Es difícil ser optimista en una carrera contra el tiempo. En este momento hay más preguntas que respuestas, hay arrebato de sentimientos, hay emoción más que razón y esto obviamente perjudica cualquier intento por definir, ¿que pasó?, ¿que pasa? y ¿que pasará?.

Sigue lloviendo sobre mojado cuando no hemos podido sustituir la visión del ¿Por qué? por la del ¿Cómo?, entonces, la sensación de culpa sale a flote en este mar de palabras y conceptos cliché.

Indagando sobre las posibles causas del por qué el abandono de las pruebas de control en el Modelo Hidráulico para aplicar soluciones concretas al ecosistema lacustre se obtienen respuestas tan insólitas como la falta de personal, en un país lleno de ingenieros y técnicos manejando taxis.

Una vez más la “Teoría del Modelo a escala” viene a la mente. Si falta personal para atender el modelo a escala, entonces, es obvio que falta personal para detener la descomposición del lago, es decir, faltan ciudadanos, seres humanos modelo, gente. Al parecer, el exceso de “pueblo” no es la respuesta. Una vez más el boomerang se nos devuelve.

Hay algo verde y marrón con olor a mil demonios que flota en nuestras conciencias, impidiendo una visión y una acción concreta, No es lemna, es desidia. Hemos visto perder las propiedades naturales del Lago de Maracaibo. Hay silencio tras la gran moda ecológica. Pero, de vez en cuando, el inconsciente nos traiciona y deja escapar una reflexión resignada: Supongo que era el lago o éramos nosotros.

© Edwing Salas

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