Tres Microrelatos que sobrevivieron al Halloween

Tal es el caso de estos tres microrelatos que leeran a continuación, cuya suerte no fue favorable para alzarse con el premio del concurso para el cual fueron creados. Los resultados de dicho concurso fueron anunciados durante la noche de Halloween y el trabajo ganador ha sido publicado en la página web organizadora del evento. Como en una pelicula de terror adolescente estos microcuentos vuelven desde lo más profundo de mi disco duro para cobrar venganza !


Lo que viene por la laja

A su escasa edad, el pequeño Eduardo ya es consciente de sus erecciones y atracción por el sexo opuesto, por eso, no desperdicia la oportunidad de espiar a sus primas veinteañeras mientras se bañan en el riachuelo que pasa por el patio de la casa en el pié de la Laja. Es viernes santo por la noche y el caserío se percibe silencioso.

Adentro, los mayores juegan cartas. Eduardo permanece oculto tras los matorrales, alguien lo hala por la franela. Su grito de miedo alarma a sus primas, quienes salen del agua con sus diminutos shorts y franelillas. Encuentran a Eduardo y a su hermanito menor Humberto entre el follaje. Los llevan por las orejas hasta sus padres.

Julia, la dueña de la casa, evita que su hermano les dé una pela.
Los perros empiezan a aullar y ladran como locos. El reloj ha marcado las 12 de la media noche.

Julia y todo los ocupantes de la casa se asoman hacia el poste en la punta de la laja. Bajo la tenue luz, un hombre vestido de negro con capa colonial y botas militares mira al infinito.

Su atuendo es azabache y su piel también. No tiene rostro, carece de facciones. Se voltea hacia la gente que lo ve y se dirige hacia ellos. Los perros y sus ladridos enloquecen. Sus pisadas se escuchan fuertes y profundas. La Erección de Eduardo ha pasado. Ahora siente una profunda necesidad de rezar.

                           FIN


Ipod Shuffle

Arquímedes nunca había probado con un motorizado. Al verlo impactar de frente contra un roble a tal velocidad siente algo de remordimiento, pero también supo que sus ideas más creativas y retorcidas funcionan.

Cruza corriendo la Lara- Zulia, oscura y desierta a esa hora de la madrugada. El peñón arrojado por él está a mitad de la carretera. La Kawasaki Ninja 1000 está hecha trizas. Su conductor yace diez metros más adelante.

La cartera hasta el tope de billetes de 100, la foto de una linda niña. Tarjetas de crédito. Zapatos Nike como los de “volver al futuro”. Más sencillo en el bolsillo izquierdo y en el derecho un Blackberry y un Ipod Shuffle.

El Cable blanco llega hasta el interior del casco roto por la certera pedrada.
El cráneo está hinchado. El casco es difícil de quitar. Después de un gran esfuerzo Arquímedes logra sacarlo.

El cuello del hombre, blando y lleno de pliegues de piel, como un acordeón, es señal de fractura de la cervical. Los auriculares rojos, están bañados de sangre que sale por los oídos del muerto. Arquímedes los limpia con su franela. Aprieta play.

Un ruido distorsionado y satánico sale por los pequeños parlantes, ahora en los oídos de Arquímedes. Nunca había escuchado esa fea música, pero se imagina que es lo que llaman “Rock”. La disfruta porque sabe que en cuanto pueda la eliminará de su nuevo Ipod Shuffle. 

                            FIN


Visita Virtual

Sus ojos rojos forman un mapa de sueños perdidos en insomnio. Los vasos sanguíneos presionan hasta hinchar los globos oculares. Nada alentador, la hoja en blanco desde las tres de la tarde. Han pasado doce horas y el guión que debe entregar en los próximos seis días no sale.

Ha llegado un correo al buzón con el asunto “¿Estás bloqueado?” El mensaje lo envía Häxan desde un URL protegido. Ni puta idea quién es, pero el título definitivamente ha llamado su atención. Fausto lo abre de inmediato. Es un link. Hace click.

Los cansados ojos del escritor siguen el video que muestra desplazamiento por un pasillo oscuro. A medida que avanza la cámara Fausto se va llenando de intriga y curiosidad. Se corta la imagen “¡yyyyyaaaaaaaaaaa!” un espeluznante grito hace brincar al escritor, mientras la horrible mascara de zombie se pega a la cámara. Aparece un letrero que dice “!Buh!, ¡caíste!”.

Fausto se siente el más imbécil del mundo. Le llega otro e-mail. Es Häxan otra vez y el asunto dice: “Llego la hora que veas desde donde te escribo”. El link adjunto es en latín y números romanos, bastante raro. Eso llama la atención de Fausto. Decide darle click.

Sus ojos se hinchan a punto de salir de sus orbitas, los vasos se rompen: sangre y agua salada brotan, bajan despacio por sus mejillas. Su respiración se acelera. Fausto ha sido elegido para una visita virtual al mismísimo infierno.

                       FIN

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