Una vida muy buena



Un perro. Un simple vagabundo marrón amarillento, como tierra erosionada, sin pedigree. El popular "cacri". Ese ser tan insignificante había causado este fortuito desastre de proporciones bíblicas, sin quererlo y sin conciencia de lo sucedido.

Marcial reaccionó por reflejo tirando el volante hacia la derecha, lo que sucedió después fue un gran bache surreal de tiempo, mientras, el espacio a su alrededor parecía estar en las fauces de un dragón de siete cabezas.

No sabía si habían transcurrido diez segundos, diez minutos o diez días. Sentía su cara, tenía la sensación de cada uno de sus músculos faciales palpitando. Pudo expulsar de su boca vidrio triturado, así como sus cuatro dientes frontales.

Escupía sangre. Su rostro era un frondoso campo de esquirlas cubierto totalmente de rojo. Sus ojos se salvaron. El primer milagro. Pensó.

La punzada en el tórax, la respiración empezó a doler como mil karmas. El volante se dobló en su pecho. Las fosas nasales y oídos empezaron a expulsar hilillos escarlata.

 Como pudo, dirigió su mirada hacia abajo, que en realidad, era arriba de su cabeza. Vio su mano derecha doblada hasta reposar sobre su muñeca. Quedó impresionado, pero aún no experimentaba ese dolor. Tampoco podía mover sus piernas, de hecho, no las sentía.

El lamento apagado como de un animal que aúlla en busca de misericordia lo sacó de su propia valoración.

 - ¡Alicia! Mi amor, tranquila, papi te va sacar de aquí ¡Quédate conmigo!

 La niña se calmó, pero de pronto empezó a respirar agitadamente mientras el pitido de sus aspiraciones y exhalaciones se hacía enloquecedor. Convulsionaba.

Marcial miró hacia el asiento del copiloto y no había nadie.

- ¡Venecia! ¡Veneciaaaaa!

 Ese esfuerzo por gritar le despertó todos los dolores. Las lágrimas se abrían camino entre tanta sangre y vidrio.

 Un joven sin camisa se asomó.

 - ¡Aquí hay dos!

Inmediatamente se apartó desapareciendo del campo visual de Marcial, pero este escuchó claramente cuando dijo:

- Que bolas, el chofer es el que está mejorcito.

Otra voz joven, con tono jerárquico ordenó:

- Revisen la camioneta a ver qué hay de bueno.

Marcial clamó:

 - ¡Ayúdennos! ¡Tomen lo que quieran, pero lleven a mi esposa y a mi hija a un hospital que se me mueren!

 - Será a la carajita porque tu mujer lo que quedó fue pegá.

 Esa fue la respuesta que provino del exterior, acompañada de risas. Marcial intentó contener el llanto que explotaba en él, sintió cada parte rota de su cuerpo, pero no le dolía, hizo un esfuerzo por liberarse pero su sistema estaba apagado.

Tras él, en el techo, Alicia convulsionaba de nuevo. Se ahogaba y echaba sangre por cada orificio. Abrieron la compuerta de atrás de la camioneta.

- ¡Por favor! ¡Salven a mi hija! ¡Se los suplico! ¡Tengo mucho dinero! ¡Los puedo recompensar de por vida! ¡Ustedes no se imaginan quién soy!

- Lo sabemos general

Se agacha el joven cuya voz parecía ser la del líder. Vio muy cerca de él a ese adolescente que no parecía llegar a los 20 años. El muchacho, flaco y moreno le mostró una ametralladora AR-15 y un uniforme de gala con tres soles, envuelto en una bolsa de tintorería.

 - Así es muchacho, soy un general del ejército y te puedo resolver con lo que te dé la gana ¡Dólares! ¡Te puedo dar una caja de fusiles si quieres! ¡Sácanos de aquí y llévanos a un hospital!

El joven lo miraba. Estaba considerando su oferta.

- Epa Wincho aquí están los cargadores – Le dice uno de sus secuaces-

 - Coño mi general, muy tentadora su oferta, me dejó pensando un momento... pero no puedo correr riesgos. Ya no hace falta que nos resuelva, ya con esto que estaba atrás en la camioneta me basta y me sobra.

Así le contestó el Wincho, jefe de la banda La tropa, quienes habían visto el accidente desde su concha y bajaron a la autopista en busca de algún botín.

 El muchacho sin camisa se metió por el lado del copiloto y reviso la parte delantera del vehículo. Tal como lo olfatearon, había un 9 mm en la guantera, totalmente cargada. Cinco “peines” estaban regados en el interior de la cabina.

 - ¡Muchacho! ¡Wincho ten piedad de mí y de mi hija! ¡Ten piedad de ella, apenas está comenzando a vivir!

 - Yo creo más bien que está terminando, y usted también, pero tranquilo, no se preocupen, seguro ustedes han tenido una vida cartelúa, usté es militar y lo que tienen es real parejo. Yo no soy ambicioso, con esto me conformo.

Los ayudantes de Wincho metieron a Venecia en la cabina, al lado de Marcial. Él pudo ver como su esposa tenia medio rostro borrado, al parecer, también se había fracturado la cervical al ser expulsada por la centrifuga de la camioneta último modelo mientras se volcaba.

Tres menores de edad llegaron con bidones de gasolina más grandes que ellos. El perro callejero aun se paseaba tranquilo, oliendo basura y meando en el monte, apenas prestaba atención a lo que ocurría.


Empezó a llover gasolina. Su penetrante olor se apoderó del interior de la camioneta. Alicia estaba ya con su mamá y Marcial pronto se iría a reunir con ellas en el cielo, aunque quizás no. Pensó mejor.

©Edwing Salas

04/06/13

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