Maldito Civil - Parte 1

                                        


Nueve meses de intenso trabajo para sacar adelante sus proyectos en la capital, donde había experimentado toda clase de dificultades, ya cuando estaba a punto de cuajar tanto esfuerzo, el país comenzó a incendiarse.

La demencia y la violencia creciente entre los fieles al gobierno y quienes despertaban tempranamente advirtiendo la neo dictadura, se convertiría en la estocada final que llevaría al traste todas las actividades nacionales y, por consiguiente, los proyectos de Alcides.

El paro cívico que mantenía cerradas todas las empresas y comercios, incluyendo la industria petrolera y sus derivados, se había intensificado como medida de presión para contener las arbitrariedades de la cúpula que con tan solo tres años al poder ya mostraba el camino a seguir hacia una hegemonía personalista.

Obligado a regresar a su tierra, maldiciendo profundamente el autoritarismo del gobierno, que se había convertido en poco tiempo en una fuerza envilecedora del espíritu y las acciones de todos los habitantes que esperaban la ansiada mejoría y cambio.

    - A Chávez nunca lo van a sacar de ahí

 Le dijo con una sonrisa pródiga su compañera de asiento en el bus hacia Maracaibo, era una señora Wayuu que rondaba los 50 años.

Alcides siempre tenía problemas con la autoridad, era apenas un ingenuo recién graduado y aún mantenía esa natural propensión a adversar todo lo que representara abuso de poder. Empezó a detestar al presidente y la verdadera naturaleza del poder militar que le rodeaba.

Había participado en las revueltas y escaramuzas que se estaban dando en Caracas, para derrotar el avance de la invasión cubana, pero pronto, ese entusiasmo e ímpetu se vieron minados por el atentado en la Plaza Altamira.

La percepción de falsedad, el miedo y la derrota de las iniciativas que propiciaron la rebelión civil le hicieron desconfiar también de  militares disidentes y civiles, cuyas verdaderas intenciones, la historia debería encargarse de juzgar.

Pero muy a pesar de todo, en el pensamiento y sobre todo, en el fuego de su corazón, Alcides tenía la idea de continuar la lucha desde su ciudad natal, bastión de la resistencia.

Luego de la emotividad y frustración producida por el regreso intempestivo, Alcides se puso en contacto con sus amigos y con ellos se dedicó a ir a toda marcha y cuanto evento de protesta civil se realizase contra el gobierno opresor.

Tropezó con la conciencia de clases a muy temprana edad. Devoraba libros, pero eso no necesariamente se traducía en excelentes calificaciones, los libros escolares eran algo muy distinto a lo que él sacaba desde niño de la biblioteca de su casa.

Ese encuentro con la conciencia de clases no fue nada grato, se dio cuenta que era el único que no estaba “acomodado”, como el resto de su círculo social y al mismo tiempo, se percibía con una serie de aptitudes, sensibilidades y opiniones que el resto de de sus amigos no tenían.

Creía firmemente que la movilidad social podía realizarse trabajando duro y preparándose cada vez más. Había leído sobre el llamado “Milagro alemán” ocurrido en el país en los años 70’s. Ejercicio máximo de inocencia juvenil.

Pero había grandes obstáculos: la paranoia colectiva, la huída de capitales, la corrupción, la cultura de castas, el plan gubernamental en complicidad con importantes entes económicos de empobrecer cada vez más al pobre y enriquecer groseramente al rico.

 La calle se volvía más volátil con el pasar de los días. Gente de la clase media, al ver amenazado su Status Quo, se enfrentaba abiertamente con militares pretorianos, quienes cumplían órdenes con el mayor de los desparpajos.

En las clases populares también existía muchísimo descontento ante el comportamiento oficial, pero en esa época, la mayoría aún estaba en manos del caudillo.


La división de clases profundizada por el régimen ya era el aire contaminado que se respiraba por doquier.

                                        Continuará...

(c) Edwing Salas
14/11/13
@EdwingSalas 

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