Teresa Red


Escucha su voz todas las noches, la ve en la calle, la ve en TV, ella es Teresa Red. Podría llamarla, enviarle SMS, un tuit, un e-mail, escribir en su Facebook e incluso “estalkearla”, virtual o literalmente, pero no.

Ella es un personaje público, es simpática, atrevida, desinhibida, sexy, extremadamente joven y moderna. 

Su sensualidad e inteligencia arrastra toda una red de fanáticos y fanáticas que sienten pulsión con cada una de sus opiniones sobre el sexo, las relaciones interpersonales, la música, el cine, la lectura.

Cada medianoche, la radio arroja las ondas hertzianas más atractivas bajo el manto de su voz. Él mide, corta, remienda impávido, aunque a veces debe parar y fijar su mirada en el receptor, como si se tratara de ella estando de frente, emitiendo cada una de sus confesiones, gustos y sandeces llenas de provocación.

No sabe como ella se enteró de su existencia, fue la vez que estuvo en el programa de un amigo hablando de su colección de Miles Davis y sonando algunos de sus temas durante la tarde de un domingo lluvioso.

Teresa llamó y no quiso identificarse ya que su voz estaba saliendo a través de una estación de la competencia. El locutor no pudo evitar reconocerla y preguntarle si era ella, pero lo negó, apreciando la confusión. Felicitó al invitado por tan buena colección y le confesó que también era amante de Miles.

Él se sintió halagado pero su insociabilidad solo le permitió dar las gracias y despedirse tímidamente. Más tarde, cuando salieron de la emisora, su amigo continuaba asegurando que se trataba de Teresa Red, la reina de la provocación, pero su huraño invitado no sabía de quién le hablaba.

-          - Escúchala, para que veas que esa voz es inconfundible.

El sastre se acordó de la sugerencia de su amigo tres semanas más tarde, cuando renovaba una pieza. Le gustaba trabajar de noche y no tuvo problemas en sintonizarla.

 Al hacerlo supo que era ella y al enterarse de la naturaleza de su programa quedó enganchado.

Poco después la vio en una valla publicitaria y quedó perplejo al percatarse de que alguien tan provocativa y menor tuviera esa clase de gustos musicales, tenía que ser una broma.

Teresa, Teresa, Teresa, soy un ciego caminando felizmente hacia un precipicio. Teresa, Teresa, Teresa, eres la licuadora encendida donde introduciré mis dedos. Teresa, quedé atrapado en tu Red.

Cuando descendía en picada pude ver como ascendías como un ángel de fuego. Medir, cortar, zurcir. Traje y pantalones negros, camisa blanca, corbata roja. En la solapa también, pañuelo rojo de seda.

“Flamenco Sketches” raya sus surcos en el pick up mientras él trabaja en el silencio de su escandaloso pensamiento, luego de experimentar taquicardia cuando ella se despidió de su programa con “So What”.

Eso había sido hace dos horas. Los gallos iniciaban faena y él deseaba acostarse tarde para dormir largo y tendido.

Ella incitaba y provocaba, pero eso no era más que un sueño de ermitaño, pensar que había mensajes ocultos dirigidos a él. La aguja de la máquina de coser taladraba con precisión mientras seguía el patrón asignado por la tela.

Teresa, Teresa, eres una letanía maldita. Algo que perjudica sin razón alguna. Sentirse un animal vivo luego de invernar dentro de una moledora de carne no es bueno, no es sano. 

Eres inmune a las flechas, a las drogas, al alcohol, a la pobreza, a la riqueza y a las bacanales con cuerpos del sexo opuesto y del propio. Tú, con entusiasta fijación hacia impetuosos flacos; desgarbados, despeinados y barbudos; "homos" u "heteros", perfumas tu insaciable piel.  

Corroes el tiempo con admirable adicción y ninfomanía. Eres heroína kamikaze. Sobre todo, eres indiferente ante los sentimientos, te ríes de las responsabilidades acarreadas por el apego.

Juegas como niña ingenua con armamento de guerra. Saltas en la cuerda sobre las vías del tren. Quizás, estar uno frente al otro rompería cualquier misterio y nos llenaría de desdén.

Entre nosotros solo puede haber casuística, no casualidades o entrecruzamiento de tiempo y espacio. Más allá del taller y el mundo hecho con retazos no puede existir más nada. La demencia podría ser encontrarnos algún día. 
     
© Edwing Salas
14/11/13

@EdwingSalas 

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