La obra


"Tengo demasiado por escribir, pero siempre creo que nunca es suficiente. 


Entre las imágenes por crear y la literatura para escapar rápidamente de uno mismo, decanto segundos de vida que no tienen contra reembolso  ni ganancias, si las tuviera, creo que no seria tan adictivo. 

Y como toda pasión, como toda causa perdida, esta es una eterna lucha entre la procastinación, la pereza, la indisciplina, las inseguridades contra la necesidad suprema de cumplir con el mandato interno, igualmente, a clientes y en general, a quienes necesiten un  comienzo, desarrollo y final.

El primero en imponerse esa esclavitud es quien levanta el látigo y quien recibe el azote. Es el mismo que disfruta y padece el ambiguo y contradictorio impulso creador.

La obra es el destino, no el medio, y la recompensa  es pensar, sentir, crear y traerla a este lado para servirla ante la vista de cualquier cómplice que desee echarle al disfrute propio unos segundos de su vida. Así funciona.

Observo en silencio cuando estoy fuera de mi madriguera, me convierto en mosca sobre la pared, tomo las migajas que me encuentro por ahí, inmediatamente vuelvo a mi encierro y empiezo a tejer letras en esta máquina luminosa.

Hace años es una obsesión, desde niño, algo que siempre me ha dado pena contar. Es una vocación amarga y menesterosa, en cualquier parte del mundo y, mucho más, en este infra-universo tropical. 
(c) 
Edwing Salas

@EdwingSalas
07/02/14

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