Ciruelas pasas


“La ciruela pasa es una ciruela deshidratada. Se engloba en los frutos secos, aunque en sí misma es una fruta desecada, del mismo modo que se secan higos, albaricoques, melocotones, uvas, etcétera”.        –Wikipedia-

Es un proceso donde el tiempo, junto a factores físicos y climáticos, hacen el trabajo. Como mínimo 95 grados Fahrenheit o su equivalente en Centígrados que son aproximadamente 35, poca humedad y alrededor de cinco días al aire libre.

El problema, precisamente, es ese aire, que no es libre, esa temperatura abrasiva que consume con gula desmedida,  ahoga como mil infiernos, es el calor de las energías que van y vienen: las explosiones,  detonaciones, impactos, penetraciones, gritos, lágrimas, sudor, neurosis  e histeria colectiva.

Este proceso de maceración se ha hecho lacerante y  lleva un tiempo indescriptiblemente largo e impredecible. Está viciado desde el principio, por tanto, ni siquiera se sabe qué resultará. La pérdida de líquido, el desierto interno junto a un cielo oscuro son las escamas del reblandecimiento y el desgaste natural.

El ciclo no se detiene, aunque con matices fuera del orden natura, la degradación avanza transformando lo impío en impávido. Expuestos a la soledad de la cadena alimentaria de esta era, la carne y el cañón es la bipolaridad del reacomodo de las bacterias que inician el proceso de putrefacción y liberan gases de depósitos fósiles.

Las raíces emergen como manos secas a través de la tierra, mientras las ramas, hojas y retoños pierden el oxigeno vital en las profundidades de su risa defensiva y la búsqueda de un último vaho de luz.

Fruto amargo, sin valor nutricional, con la propiedad de fundir una papila con el estruendo de la ira, el desangramiento y la ceguera. No hay condiciones adecuadas, nunca han existido, ni siquiera una fotosíntesis limpia y ordinaria que libera del carbono, sino que deriva en azufre. Es una tierra fértil de tragedia e inamovilidad.

La sensación imperante, sequedad, en la piel, el aliento inhalado y exhalado, la mirada, el alma. Falto de fluidos que demuestran vida, movimiento. Los segundos ya inútiles se desplazan en bastón y llenos de telarañas.

La decisión voluntaria es de auto inanición sicológica y social, impuesta desde  la soledad de la habitación que paraliza, la burbuja que te protege del pandemónium exterior, ese donde no sabes si volverás a perder y ellos se quedarán.

Hoy, como todos los días, hay sangre, fuego, sudor y lágrimas, la falta de una vida normal es ese insomnio que guía tus pasos.

La deshidratación de la existencia y el alma, las metas y las expectativas. Ciruela pasa, el bocado que ojalá no se coman en una celebración los mismos que secuestran nuestras  victorias: carnuzos agusanados que ríen sin labios, mostrando mandíbula amarillenta y colgante.  Seis generaciones han pasado y perteneces a la cosecha de este año.

© Edwing Salas

04/03/14


@EdwingSalas 

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