Polite


El teléfono patinó por el suelo hasta quedar bajo el sofá. El sonido de la llamada se ahogó en su oscuridad. Era la segunda vez que lo llamaba durante el día y él al ver el número no quiso contestar.

Se apresuró y regresó a su asiento para continuar con la buena velada junto a su círculo familiar más querido e íntimo.

Ciertamente, no debió dar su verdadero número cuando se lo pidió apenas 24 horas atrás, pero pensó que no tendría nada de malo ser polite y estar en contacto con los vecinos, en vista de la delicada situación nacional había que establecer vínculos y así poder organizarse en caso de que la violencia desbordara las calles.

Sin embargo, dos llamadas y un mensaje en menos de un día no era un buen síntoma. El carisma no era un don natural, ni la sociabilidad era una práctica muy prolija, quizás, por eso, el error.

Lo cierto es que podrían pertenecer al mismo bando, detestar al maldito régimen asesino y su ejército invasor. Podrían buscar la libertad, el progreso, la paz y la reconciliación, pero tener contacto cotidiano adicional a la colaboración vecinal no iba a suceder nunca.

Informado y sensato, pero sociable populista nunca. Recordó cuando  Churchill aceptó tener a Stalyn de aliado tan solo porque si se le hubiese aparecido el mismo demonio para ayudarle a derrotar a Hitler, el primer ministro inglés hubiese aceptado.

Para alguien que no se concentra mucho en atraer seres vivientes o cosas, mostrarse accesible y cortés de vez en cuando resulta una equivocación de proporciones bíblicas, porque generalmente se suele ser considerado con quiénes menos debe ser objeto de ese tipo de gestos.

A estas alturas y en vista de los tiempos, una amistad con ese tipo de personas es como cuando te llegan a vender un resort, o cuando a través de un correo electrónico te informan que te ganaste una lotería de green cards. Presiona Delete y huye. Marca distancia, sobre todo, si nunca te han inspirado confianza. Aléjate del sobrepeso, la celulitis, los hijastros adolescentes, el chisme y el insano interés.

Las conclusiones filosóficas no se hicieron esperar, fueron crudas y tajantes:

Un repentino saludo callejero podría arrastrar cola. Ahora la misión es esquivar a la vecina que una vez atendiste cortésmente.

Ella no es quién debe llamar, deben llamar las otras, las que si están buenas, las que me gustan, las inteligentes, las provocativas, las bien educadas y alimentadas, las que tienen un futuro, es decir, las que no tienen mi número.   

© Edwing Salas

@EdwingSalas


22/03/14

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