Venezuela y las dos utopías


Cómo creador y alimentador de este blog siempre he procurado no incorporar artículos de opinión, análisis , entrevistas , ensayos , crónicas o cualquier género periodístico que hablase de temas políticos nacionales o internacionales , porque aunque soy periodista y he trabajado en medios especializados en información y contenidos noticiosos, consideré a no tan simpático como vos como un espacio que refleja lo que soy en realidad y lo que me gusta hacer o producir para Ser, sin tomar en cuenta el juicio al que podría ser sometido desde el círculo de excelentísimos profesionales del periodismo "por esgrimir la pluma con falta de seriedad o mala práctica".

Lo que percibo y siento del país donde vivo lo he plasmado siempre en poemas, pinturas digitales aficionadas, fotos intervenidas, vídeos extravagantes, o en el mejor de los casos,  ficciones y relatos cuyo esqueleto está formado por la realidad que pasa frente a mis sentidos, en pura comunión, también,con las experiencias que le tocan a uno en carne propia.Maneras que considero tan válidas como hacer reportajes con nombres reales, fechas y "la pirámide invertida de las cinco WH". 

Sin embargo, los tiempos cambian y uno es arrastrado por esa corriente poderosa , sobre todo si no se nada contra el caudal de las transformaciones, unas para bien, otras para mal y otras cuantas, quizás, para peor. 

Lo cierto es que esta demencia de novecientos mil kilómetros cuadrados llamada Venezuela, una autentica prisión infernal para muchos de mi generación, quienes nos imaginamos y formamos para algo totalmente diferente a esto, y por tanto, estamos más perdidos que un militar en una biblioteca , está en un punto de no retorno y se debate entre dos escenarios que representan dos conceptos fundamentales de nuestras filosofías como seres humanos: el triunfo del bien o el triunfo del mal. 

Esta bifurcación provocada desde 1976 cuando se nacionalizó el petróleo y empezaron las distorsiones de la democracia, para llegar hasta nuestro presente, que nos tiene al borde de un colapso existencial, es la que me ha llevado a publicar, por lo menos, esta primera vez, un artículo de opinión realizado originalmente para la revista virtual hypegalore  que data de diciembre de 2013, pero que finalmente no logró publicarse. Hoy la he encontrado en mis archivos recientes y decidí salirme de la línea creativa sui generis en la que frecuentemente público, luego de haberla releído y actualizado para que pueda mantenerse a flote en el mar picado en el que hoy nos encontramos. Se las presento a continuación:    

Venezuela y las dos utopías

Algo que puede enajenar totalmente a un ser humano es no estar seguro si realmente se es parte de un todo que se hunde o, si por el contrario, la espiral descendente proviene de la interioridad individual. 

Eso hace que percibas a un país como un apocalipsis crónico. Esa incertidumbre, esa confusión y a la vez esa mezcla de  temor-certeza de que todo va para peor, es una patología que sufren hoy una porción de venezolanos que a ciencia cierta, no se sabe si son mayoría o un grupúsculo paranoico y frustrado.

Quien es invadido por esas ideas y redacta este texto se siente como ese demente que ve como el régimen imperante destruye las bases de la sociedad para imponer el orden comunista que es tan siniestramente popular en Corea del Norte y Cuba, cuyos años de existencia ha encontrado adeptos que se alegran cuando llega el modelo de la “igualdad” y la “equidad” , pero que al final, luego de toda una vida de limitaciones y esclavitud mental , económica y social, son almas en pena, arrepentidos de haber decidido lo que decidieron y que ahora deben callar y aguantar con estoicismo.

La palabra que termina el párrafo anterior encierra una carga de drama, sacrifico martirizante  y desinterés propio, que  gobierno y oposición la piden con vehemencia a sus seguidores, como si se tratara de la época del hierro o el bronce.

Ambos ofrecen utopías: La primera es la del mesiánico Socialismo del siglo XXI cuya ejecución tiene más tintes de dinastías monárquicas  del siglo XV que de modernidad política, económica y social.  Y la segunda, la libertad, la paz, el progreso y la reconciliación que se está construyendo, según ellos, pero que a mi modo de ver,  no obedece a una propuesta en concreto que se diferencie de la primera utopía, o que resulte ser  tan atractiva, que haga que quienes sientan dudas por él régimen se decidan a dar al trasto de una vez con esa barbaridad, sin que les atormente el miedo o el arrepentimiento. 

Ambas se mantienen so pretexto de una construcción que puede concretarse posiblemente en tres o cuatro generaciones posteriores. El socialismo y su hombre nuevo es eso, en Cuba y Corea del Norte lo siguen construyendo, se sobrevive en un eterno “ahora sí”, “ahora es el momento”. Venezuela será otro ejemplo de ello si esto continúa y juro por dios, poder equivocarme muy pronto. Ojalá estas palabras queden como un penoso ejercicio de pesimismo y no como una realidad ineludible por años.

La oposición da marcha atrás el 14 A de 2013, cuando se llegó al llegadero electoral y la gente reaccionó como era de esperarse, pero era obvio que había que evitar a toda costa un derramamiento de sangre, eso no se discute, las consecuencias hubiesen sido nefastas.

Pero si reflexionamos, once meses después, lo que irremediablemente se vive ahora mismo: masacres oficiales de un estado terrorista, una guerra civil latente y un entero colapso de la economía, instituciones y la sociedad en general, cuyos miembros están saliendo a protestar y ya no ocultan su rabia e indignación acumulada ¿Se evitaron o simplemente se postergaron estas circunstancias a partir del 15 de abril de 2013? 
  
El 8 de diciembre de 2013 y aún con el amargo sabor de la derrota nuevamente en nuestros heridos y acostumbrados paladares, la oposición oficial, continuando su dislexia antropológica, quiso darle carácter de plebiscito a unas simples elecciones municipales y se encontró con que mantuvo las alcaldías que ya tenía, más otras nuevas, pero  eso no fue suficiente para hacer temblar a Maduro, entonces, como siempre, vino “El tiempo de dios es perfecto”.

Los anti gobierno no quisimos a Chávez, no queremos a Maduro, fuimos y vamos a por su culo en cada elección, aunque siempre son ellos quienes sistemáticamente terminan derrotándonos.

Estoy seguro que no es fuerza electoral. Es difícil imaginar el estado de descomposición social existente, si es verdad que una mayoría aprueba y desea esto, por muchas fallas que haya tenido el primer ensayo democrático de 1958, que derivó en un sistema bipartidista lleno de vicios que fue llenando de distorsiones del ejercicio democrático, cuyo resultado histórico ha sido tal creación de pobreza que llevó a un país insatisfecho a elegir al último caudillo mesiánico,  Hugo Chávez.

Él y su gente supieron como  capitalizar y administrar muy bien el resentimiento que provocaron 40 años  de carencias y necesidades.  Pero, ese sistema que permitió ascender al poder a los neocomunistas no desapareció, sino que cambió de color, nombre, y se ha precipitado a extremos insospechados, condimentado con militarismo, represión, violencia, más corrupción y abuso de poder.  En resumen, el oscuro pasado lamentablemente se recuerda como la felicidad que ignorábamos, comparado con un presente y un futuro signados como la nueva colonia conquistada por los Castro.

Gran parte de la oposición “mainstream” aún no quiere llamar por su nombre a la tiranía, se niegan a intentar otras formas, otros mecanismos, otros rostros, otras procedencias sociales. La guerrilla comunicacional pro opositora dirá que la violencia no es el camino y ciertamente no lo es, pero ¿Quién habla de violencia? ¿Quién habla de usar gente como carne de cañón? ¿Quién habla de mártires?

Nadie quiere eso, como tampoco, creo,  se quiera transitar el mismo camino improductivo de derrotas, cuyos conceptos y opiniones delusorias hacen pensar que existe un aparato y estrategias como las que usa el propio régimen castrista para mantener sus acólitos, pero, usado a la inversa por los mismos que nos impulsan a seguir acciones que desgastan la moral de la disidencia.

Lo que se habla es de eficacia, resultados e ingenio en un sistema de caos permanente, de ser creativos, atrevidos y sobre todo, sinceros, en la medida de lo posible. A veces, tenemos la sensación de que Henrique Capriles se esfuerza por no caer en provocaciones, ni en los llamados “peines”. Se proyecta altamente diplomático y conciliador, pero en la calle, a estas alturas, parece que ya esa estrategia resulta interpretada por muchos adversarios a la tiranía como sumisión y debilidad. Erróneamente se contraataca esta respuesta natural de un sector importante del país como radicales, pero existen mayores pruebas de que la radicalización más volátil y sin escrúpulos se abona en la acera de enfrente.  

Está claro que no quiere, ni debe caer en el juego de violencia del régimen, eso se le aplaude, ciertamente ha hecho un trabajo encomiable, aunque pareciera quedar siempre a medias.

 El elector de oposición de a pié vive constantemente desmoralizado, él  quiere estabilidad y tranquilidad. No le interesa escuchar explicaciones y tecnicismos para hacerle ver que esa sensación de derrota que tiene en el paladar es producto de su ignorancia, inconformismo y falta de paciencia, quizás, ese opositor tiene más que perder y menos opciones que los cabecillas de la MUD y su red, sin embargo, les ha acompañado en todas sus empresas que, al final del día, una larga explicación de que “los números”, “a fin de cuenta”, “visto en perspectiva” “se ganó”.  No convence ni motiva.

Chávez destruyó toda dignidad en el juego político, hace que cualquier propuesta que se aleje del populismo resulte inmoral y fuera de lugar. La oposición “mainstream” está sumida en ese pantano y sus líderes se empeñan en descalificar toda iniciativa contra gobierno que no venga de sus asesores y creativos, calificando de radicalismo todo intento de crítica constructiva o diferencia de criterios. La oposición cada vez más se está pareciendo al gobierno y eso es lo que realmente atemoriza. Se baila al compás de lo que toquen desde Cuba.

La lógica nos hace pensar que esta es la última fase del chavismo, Maduro quizás complete a duras penas su periodo y luego toda esa basura se desmorone para dar paso a un país más serio, consiente y productivo, no creo que la oposición, manejada como siempre se ha venido manejando, vaya a tener algo que ver en ello.

Los análisis y conclusiones de mis amigos más pesimistas, que casi nunca se han equivocado -lamentablemente- dicen que el régimen logrará arreglárselas para sobrevivir en el poder con, o luego de Maduro. Aunque la generación de disidentes que actualmente libra su lucha en las calles contra la tiranía castrochavista y su poder desmedido y brutal, la vanguardia estudiantil, apoyada con fuerza por el Táchira, Mérida, Valencia, Maracaibo, el oriente  y Caracas, siempre entretejidas con el soporte incondicional de madres, padres, hermanos, hermanas, profesores, maestros, empresarios y otros sectores que se hacen los dormidos, pero entreabren los ojos de vez en cuando,  podrían derribar esa teoría muy pronto, o mejor aún, este régimen. De verdad eso espero.

En Twitter pregunté a la bloguera cubana Yoani Sánchez si la oposición venezolana era igual a la cubana y no obtuve respuesta, es decir, no tengo porque recibir una. Quizás soy un pelmazo que busca respuesta donde no las hay.

(c) Edwing Salas

20/03/14

@EdwingSalas 

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