363


El día 363 se escapó un recuerdo. Traicionera flatulencia de la memoria, fue así, de pronto.
De nuevo ese café con nombre francés, en compañía de ella y su abrumador apellido polaco, judío, ¿Quién demonios sabe?

Habla y escribe del amor, tanto, que si respirabas profundo y hacías silencio en tu interior podías escucharla  a una gran distancia. Lo conoce, lo siente, lo vive. Tiene un amigo, un padre, un marido, un hermano, un amante al que llama Dios

En una ocasión llamó para reclamar mi irresponsable exceso de seguridad. Su rabia a través del hilo telefónico acariciaba el oído medio con su vibración.

Era más que obvio, la razón y los argumentos más poderosos estaban de su parte. Eso no la libraba de utilizar, subyugar, incluso, si había desplazamiento: nueve horas en carretera o una hora en avión.

Cómo se pierde el tiempo el día 363. Preguntando por la vida de alguien. El día 363, antes de celebrar. Una copa con el viejo Parra, los amigos, la gratitud y el perdón ¡Salud!... y gracias a ¿dios?

(c) Edwing Salas

@EdwingSalas

29-Diciembre-2006


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