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Y entonces salieron a la calle derramándose con su hambrienta locura. Eran llamaradas de antojo las que consumían avenidas enteras, dejando a su paso ceniza y escombros. Lamentos de hombría, feminidad y resistencia.

Todos, como almas en pena, esperaban con ansias el momento justo para volver a nacer de ese dolor intenso de los meses pasados.

Transformarse en nuevo símbolo de adaptabilidad, valor y perdón.

Cada noche en un cajón azul, pero nunca volverse sobre los pasos agónicos. Tarde o temprano un extremo los batiría contra el otro.

Terminando así sus esperas y sometiéndolos a lugares de más brillo y, ya mucho menos, a territorios en los albores de la miseria.

© Edwing Salas

Primer transcrito del manuscrito original: 10/08/02

Transcripción digital y edición 16/04/14

@EdwingSalas


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