Pijama party



Cuando Silvia invitó a Paula a su casa para una fiesta en pijamas a esta última le pareció una idea algo ridícula , ya estaban en la universidad y aunque todavía seguían en la memoria reciente  los días en  la secundaria, cuando se solía asistir con frecuencia a estas reuniones, no dejaba de intrigarle , pero ella era la más nueva del grupo de estudio y si eso le bastaba para entrar definitivamente al circulo de las mas populares del primer semestre de comunicaciones, pues no se lo perdería.

A las once y media en punto de la noche del sábado Paula llegó a casa de Silvia, esta le dio la bienvenida invitándola a entrar sin perder tiempo.

Silvia ya se encontraba “empijamada” o más bien “embikinada” con un sostén rosa que apenas cubría su generoso busto duro y puntiagudo. La pieza de abajo era un imperceptible hilo dental que tapaba su delicado triangulo del amor. Eso era todo.

Paula contempló a su compañera y no pudo sino sentir envidia ante un cuerpo tan bien formado que competía con el suyo.


   -       ¿Dónde están el resto de las chicas?- Preguntó Paula.

   -       Están retrasadas, pero no tardan en venir, anda, ponte cómoda , puedes cambiarte en mi habitación, ven. –Respondió la anfitriona con total naturalidad-

Silvia condujo a Paula hasta su habitación y se quedó con ella. Paula no pudo ocultar su incomodidad, la situación era alarmante, pero si alguien era echada pa’ lante era ella.

      -   No uses pijama, quédate así en ropa interior, como estoy yo – Sugirió Silvia-

  -   Eso mismo te iba a proponer, ya que tu estas así- Le salió al paso Paula, sin dejar de recorrerla con la mirada-

Silvia quedó petrificada al ver como su invitada sin ningún pudor o recato levantó su franela dejando al descubierto sus hombros, sobre los cuales se fijaban unos sostenes inmaculadamenre blancos , perfectamente combinados con los cacheteros que llevaba en la parte inferior . Piernas y glúteos perfectamente delineados y carnosos. Silvia la devoraba con la mirada. El silencio era incomodo, toda la habitación se sentía cargada de estrógenos.

Se fue acercando lentamente , Paula esperó en silencio, ambas se quedaron muy cerca, sus ojos brillaban, la caliente anfitriona buscó los carnosos labios de su invitada y ella recibió el tierno y húmedo beso que luego las hizo sonreír a ambas y después las arrojó a un festín de pieles de porcelana.

Las atractivas damas se dejaron llevar por la exploración de sus cuerpos suaves y con el olor  de mil primaveras. Sus lenguas jugaban con maestría entre si,  formaban un torbellino sedoso que inundaba las papilas con el sabor del sexo prohibido y anhelado.

Silvia sabia como usar su musculo del habla sobre las aureolas que bautizaban los delicados senos de Paula y esta invitaba a su amiga a que fuera bajando hasta su ombligo, donde tocaría la puerta de entrada hasta su monte de venus, totalmente depilado y llano. Su clítoris hinchado y su entrepierna hambrienta esperaban a una compañera educada que supiera como manipular cada botón para calentar verdaderamente a una mujer.

Recorrió con su lengua afilada hasta la flor húmeda que la aguardaba, el clítoris de Paula estaba firme y anhelante , parecía una segunda lengua, de menor tamaño y proporción, pero sin duda, parecía tener vida propia . 

La fogosa anfitriona también optó por inducirse placer desde su entrepierna con ayuda de sus expertos dedos. Su compañera la detuvo y la acomodó más cerca de si para continuar ella el trabajo. Ahora ambas se propinaban gozo y disfrute, la noche era joven y prometía más.

Paula no tardó en tomar ella la iniciativa igualando con su lengua el portento de sensaciones en el sexo de su compañera, a quién le tocaba hacer retumbar las paredes con gemidos tan apasionados como los que ella dejaba escapar hace unos momentos.

Silvia se despojó de sus sostenes e inmediatamente la mano de su pareja le apretó sus generosos y duros  pechos con suma provocación. Al parecer la invitada era tan kinky como la anfitriona de esa fiesta para dos.


No hubo piedad en esa batalla por demostrarse la proveedora más efectiva del placer, era un espectáculo lleno de ternura y ganas de explotar el universo en sus esculturales cuerpos, deseados por un batallón de chicos, quienes jamás podrían alcanzar el nivel de compenetración existente en la camaradería femenina enviciada con el hedonismo y la auto complacencia a toda costa.

El dildo ajustable hizo sus aparición para coronar la salvaje noche. Primero se lo colocó Silvia y de inmediato separó varios milímetros los labios de Paula al hacer entrar tan prominente juguete. Ella se lo agradeció dejando escapar un gemido que la dejó sin aire.

 -   ¿Te duele? – Preguntó Silvia por si estaba haciendo algún daño-

Paula negó con la cabeza mientras sus ojos permanecían cerrados y sus labios dibujaron una sonrisa de satisfacción. Ella se abrió aun más y permitió que su compañera se adentrara hasta el fondo, mientras, la sinfonía de su cuerpo se movía coreográficamente pidiendo más.

Cuando intercambiaron roles, Paula embistió con el consolador y también penetró el orificio anal con sus dedos índice y medio. Silvia no se esperaba esa sorpresa pero agradeció el gesto meneando sus caderas con cada entrada y salida por ambos lados. Pronto sus alaridos estarían a punto de despertar a los vecinos.

De esta demostración de deseo extremo, lo más conmovedor para ambas fue cuando las dos  se dejaron correr simultáneamente, quedando envueltas en un mismo gemido, un mismo aliento. Abrazadas en la cama no paraban de contemplarse y reír.

Paula le comento entre risas a su amante recién estrenada:

 -      Menos mal que no vinieron las otras invitadas.

A lo que Silvia le respondió:

 -  Nunca hubo otras invitadas.

 - Ya lo sabia, siempre lo supe – Confesó con total descaro la sonriente Paula , mientras le daba un almohadazo cariñoso a Silvia-

Todo por entrar en el grupo de estudiantes más populares de comunicación. Era un hecho, Paula estaba más que adentro.
                         
© Edwing Salas
29/04/13 
@EdwingSalas 

Comentarios