Ensayo de un ensayo, sobre la guerra…


Siempre he pensado que los principales hechos catastróficos no son los propios acontecimientos o condiciones per sé, sino el momento cuando te das cuenta de los mismos.
Algo así como una enfermedad diagnosticada tardíamente y que sufrías por años. Darte cuenta que siempre te han dado un informe erróneo del padecimiento.
Es así como muchos se dan cuenta que son pobres.
Esto ocurre cuando pasas de niño a adolescente, luego a adulto. Te desplazas a un entorno diferente al común, producto de que vives el avance de la vida, que te lleva a conocer nuevos lugares y nuevas gentes.
Quizás lo mismo les sucede a quienes se dan cuenta que hay personas blancas o negras, o aborígenes y viceversa.
Una constante de nuestro mundo occidental es que el hombre blanco o caucásico encarna la imagen del éxito, la belleza o de lo socialmente aceptado, mientras el “afrodescendiente” o negro (como era conocido antes de esta revolución de nomenclaturas vacuas), representa al ser a quién hay que ayudar porque no tiene nada y la vida no lo ha favorecido con linaje o fortuna, o peor aún, con una cultura para superar su condición.
Aunque soy de los que perciben que hoy día el racismo hacia la gente de mi pigmentación se ha ido aminorando para darle paso al racismo de mis congéneres hacia los blancos, en el primer mundo, por lo menos.
El -payback- de los afroamericanos es un hecho. Vendrán más enfrentamientos y si la presión no logra equilibrarse, las cosas podrían salírseles de control.
Una pesada herencia que , a mis ojos, hace que la nación más poderosa del mundo, no lo sea tanto y por muy pro occidental u americanizado que uno esté en la cultura, lo mejor quizás sea no ir donde no lo quieren a uno.
Sin embargo, aunque aún queda mucho por recorrer, en Norteamérica ya existe un role model de hombre/mujer de color que representa el éxito, la riqueza, el buen gusto y el linaje de primera.
La percepción en Latinoamérica, donde casi todos son  países del tercer mundo, aún prevalece arraigada la cultura de que la mayoría de quienes vienen de una vida cómoda e ideal son gente blanca.
Lo peor de esto no es que sea algo cultural, sino que los hechos cotidianos, así lo demuestran irrefutablemente.  
Muy, pero muy pocos negros o con piel tostada parecen representar el éxito del talento, el esfuerzo, la inteligencia y la cultura que los han hecho salir exitosamente de la condición de pobreza y poca posibilidad inicial en el tercer mundo.
A menos, por supuesto, que se les asocie con empresas poco éticas o deliberadamente en contra de las “leyes imperantes”.
Sí, es bastante rudo y difícil ser una persona negra, por ejemplo, en Estados Unidos, imagínense ahora, ser una persona de color con aspiraciones en un territorio colonizado por los españoles. Artífices del racismo más radical durante siglos y cuya expulsión de su dominio imperial no significó que cambiarían las estructuras de poder, las cuales, fueron tomadas, mantenidas y emuladas por los próceres criollos de directa ascendencia europea.  
El párrafo anterior obedece a la eterna pregunta que surge cuando siempre has visto a un político venezolano (blanco, como es costumbre),  tomándose fotos para su campaña con gente de piel oscura que vive en un barrio.
Es para que digan: “Mira que buenos es, abandona su Status Quo en su magistral residencia del este para solucionar los problemas de estos desvalidos pobres”. A estas alturas ya nadie cree eso.
El petróleo y la cultura rentista, que eliminó toda posibilidad de convertirnos en un gentilicio de know how, para ser un “país rico” solo en las mentes de quienes nunca han  viajado o han sabido comprender lo que perciben sus sentidos en los medios masivos, incluyendo internet, o también ¿Por qué no? Los libros.
No fuimos, ni somos y nunca seremos un país rico, con verdadero estado de bienestar, si nos seguimos creyendo “la pepa del queso”, tan solo con tener nuestro territorio impregnado con excremento del diablo en sus entrañas.
La calidad del petróleo venezolano goza de un buen estándar, pero no llega a ser el mejor tipo que existe en la tierra. Necesariamente hay que desmitificar.
Pero la oposición cómplice de la tiranía que actualmente azota a Venezuela, utiliza este recurso y discurso cliché para mantener adeptos, de la misma forma que lo hacen quienes se han robado el poder para ejercerlo peor que los otrora colonos españoles.
Tiranía y "la oposición" parten de una misma estructura del pensamiento dominante: Nunca ha existido, ni existirá un sistema económico y social que permita la migración de clases desde el oeste hasta el este.
O, por lo menos, lograr transformar la parte occidental de Caracas o de su extremo este, es decir, Petare, en algo parecido a Los Palos Grandes, por ejemplo.  
Por supuesto, el ejemplo más palpable es la ciudad de Caracas. Esa especie de Berlín de la guerra fría: infranqueable por un muro invisible que separa oriente y extremo oriente, también el centro e, inmediatamente, el occidente. Todo, dentro de un mismo valle atragantado de población, frustración, odio e impunidad.
La guerra estalló en el 89, se empezó a gestar una década antes… ha empeorado estos últimos 16 años…parece no haber esperanza de que se detenga.  
© Edwing Salas
04/04/15

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