Caridea


Es el color. Sin duda es así, sobre todo, si es un lienzo por donde corre, en billones de vasos capilares, la sangre que delata alguna emoción o estado de ánimo.
También suele ser el temperamento habitual. Aquel que puede mutar a escarlata, o púrpura, al momento de arrasar poblados enteros con el veneno saltando desde la lengua.
Es la marca en el hombro, cuello y ombligo, producto de una succión que busca devorar con deseo esa temperatura que funde acero, joyas, cuerpos enteros.
Un delirio, la obsesión del momento. El constante negar para mantener la apariencia y sobre todo la estabilidad.
Siempre en estos casos, se necesita el cable a tierra que coloque las cosas en su justo carril, para no rodar por el despeñadero.
Se interrumpe la corriente, se bloquea todo . Debe haber normalidad. Lógica de posibilidades. Todo en orden, sin novedad.
Verde laguna, esa donde es posible perderse y no volver jamás, porque de esa entraña esmeralda emergen seres que te encantan y te arrastran a una esclavitud eterna, imponderable.
Suave, la textura que debería arrugarse y humedecer junto al áspero árbol marrón, que lucha por no ser inclinado por el vendaval.
En el borde. Desde ahi siempre se obtiene la mejor vista, pero nunca se da el mejor paso.
El miedo. Eso que niega la realidad y la ficción, una por ser cierta y la otra por no ocurrir, aunque sus manifestaciones se retuerzan.
Se calienta el desayuno. Se calienta en la mañana, se  calienta en la tarde.
Quienes han dado el fruto de sus posturas cacarean la forma tan infernal en que mueren sus hijos, aunque aún no se sabe quien ha venido primero.
Tantas metáforas como vasos capilares, tantas vueltas a una tonalidad que se combina perfectamente con esta oscuridad a plena luz del día, con el vino tinto de este pasaporte extranjero, que tiene su hora y lugar.
Con estas proyecciones a futuro, ilegales y con la paciencia queriendo comprar  tiempo, para vender esperanzas en un mercado paralelo, inexistente.
Miro nuevamente ese telar de ADN y pienso como lanzar la primera pincelada, esa que dibuja las líneas negras sobre la vía láctea.
Que permita un lugar donde tomar  mate , degustar café , beber mil tragos y después, amanecer.
Con la verdad que funcione realmente, para el interés del buscador y su tesoro. Para que la corriente no arrastre ni se lleve.
Algunas cosas cosas deben coincidir, otras, simplemente deben desencadenarse y chocar, no para destruírse, sino para fundirse.
© Edwing Salas
06/08/15

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