China Girl



Como todos los viernes en la noche, Pedro y Fabián se reúnen a beber cervezas en su lugar favorito, el tema principal de sus conversaciones etílicas siempre gira en torno a evaluar sus vidas dentro de la licuadora laboral y temporal del periodo que les ha tocado vivir. 

El templo de sus reflexiones y opiniones de vida era un restaurant chino que se ponía hasta el tope de gente durante el fin de semana, todos los asistentes iban a realizar el mismo ritual de los dos amigos. 

Las dueñas de sitio obviamente eran herederas del lejano oriente, pero con la belleza y el exotismo que produce la mezcla de sus antepasados con el gentilicio local. 

- ¡Malditas chinas! ¡Qué lindas que son! 

- Me hacen olvidar mi mala racha de la semana

- China Girl siempre retumba en mi mente cuando las veo. 

- Iggy es un capo.

Los individuos esperaban que les trajeran su orden, siempre pedían lo mismo, no había por qué tener apetito de otra cosa: las costillas de cerdo que ahí servían podrían llegar a compararse con una noche con las anfitrionas del establecimiento. 

- Lo cierto es que tengo la mejor de las madres; mi vieja me envió la guita que me faltaba.

- Lo siento, no escuché lo que dijiste, me quedé colgado con las chinas otra vez.

- Hijo de puta

- Pará, que mi melancolía solo la puede acabar una de ellas.

- El último gas que respire un humano en el mundo será uno de mis pedos, antes que vos te comás a una de esas minas.   

- El último gas del mundo será el oxígeno, boludo. 

- Ya dejá en paz a las minas de china y pedí otra ronda 

- ¡Ese es el problema pelotudo! ¿No te das cuenta que el alcohol nos está haciendo sucumbir a sus feromonas?

- Dejá las pavadas, todavía puedo reconocer tu cara y tu voz.

Las hermosas anfitrionas aparecieron para apaciguar a los amigos y les trajeron los esperados platos. Las costillas asadas lucían jugosas, tan provocativas como ellas. 

- ¿Sabés algo?  He pensado mucho acerca de esto que te voy a decir: a esta gente les queda exquisita la comida.

- ¿Sabes por qué boludo? 

El interlocutor esperó la respuesta en silencio. 

- Porque estamos comiendo carne de perro y de gato. 

- Por favor, Fabián, ¡Déjate de pavadas!

- Está delicioso, probá. Esto sabe a cielo. Quizás exageré, no es comida de animales, es carne humana. 

- ¡Ya! ¡Pará! 

- ¡¿Creés que te estoy cargando?!

- ¡Ya! ¡Suficiente!

- ¡Escucháme! ¡Escucháme! ¿Cuándo habés visto vos en toda tu vida un funeral de estos chinos? 

Pedro  tose,regurguita. 

© Edwing Salas
18/09/15

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