Guerreros del camino. Volumen 2


Las consecuencias de una decisión propia, o alguna acción perpetrada por terceros, pueden durar por un buen tiempo.

Ese es el caso de la computadora robada al ingenuo cronista venezolano, quién, luego de tres meses, volvió a maldecir a los hermanos latinoamericanos que le habían despojado de su herramienta de trabajo, como si hubiese sido ayer.

La rabia y frustración se volvieron a manifestar cuando este logró comprar una notebook usada, pero, en muy buen estado y a precio bastante razonable.

El único detalle: el sistema operativo era Ubuntu, un software elaborado a partir de Linux que, de pronto, hizo que el disco duro externo de un terabyte donde el escribiente guardaba todas sus creaciones, junto a 300 GB de música, dejaran de funcionar.

Luego de varios días conectando el dispositivo  al ordenador portátil sin ningún problema, este fue afectado por la data de Ubuntu, haciéndolo irreconocible en las "MACS" de sus roommates y en la mencionada notebook.

Al momento de empezar este segundo volumen de la crónica Guerreros del camino, tanto el ordenador, como el disco duro externo fueron enviados a reparar, para saber con certeza cuál era el problema y si existía la posibilidad de un final feliz.

Mientras tanto, la MAC de Majo, seguiría siendo la herramienta que permitiría seguir hilando hechos sobre la ruta de escape hacia el cono sur, proveniente desde un país ya inexistente, gracias a la marabunta que también ya lleva tiempo manifestándose acá en la Argentina. Lo que convierte a esta nación en un sitio de transito debido a su peligrosa cercanía con la epidemia de las hegemonías populistas del continente.

Neanderthal del altiplano

Quien narra no era el único venezolano en esta travesía; en la terminal autobusera de Bogotá coincidió con otros dos coterráneos: Leonardo*, un joven que se dirigía a construir vida en Lima y a quién ya el cronista había visto en Maiquetía, de hecho, viajaron a Colombia en el mismo avión.

 Además, estaba Eva*, una digna representante del gentilicio femenino venezolano: 20 a 24 años, canela clara, flaca, alta, de larga cabellera lacia, rostro simétrico, apacible y con aparente ingenuidad. Su destino era la ciudad Guayaquil.

La nacionalidad compartida y el instinto de supervivencia hicieron posible que los tres se juntaran.

Quito, Guayaquil, Trujillo, Lima, Santiago, Buenos Aires. Destinos que ya presentaban atraso en el cronograma de viajes. Eran las 11 de la noche y el transporte de la línea Ormeño, aún no aparecía. Se suponía debía partir a las nueve en punto.

Todos los pasajeros estaban realmente molestos y, para colmo, el único señor que representaba a la línea en la terminal; el mismo que vendía los boletos, sacó una balanza para pesar el equipaje de cada uno.

El cronista pagó alrededor de 90 dólares en sobrepeso. El viaje le estaba resultando casi al mismo precio que si se tratase de un traslado por avión.

El autobús llegó pasada la media noche, proveniente (irónicamente), de Venezuela. Desde ese momento, uno de los tres choferes, cuya apariencia era la de un Neanderthal del altiplano, empezó con insultos y malas caras hacia quienes esperaban, quizás, para que no les reprochasen ese descaro de impuntualidad.  

El recorrido hasta Cali duró día y medio. Ahí abordaron  El Presidente y la comitiva de pasajeros más pintoresca que haya visto persona alguna. Ahí, quizás, estaban quienes hoy tienen la notebook del cronista.

Los pasajeros empezaban a establecer amistad entre sí durante las paradas en los pueblitos cercanos a la frontera colombo ecuatoriana. Leonardo, artero,  vendía cigarrillos, hacía bromas con el Presidente y sus amigos.  Hacía relaciones públicas, armaba su ghetto.

Eva conversaba a solas con un joven ecuatoriano que también tenía como destino la ciudad de Guayaquil: siempre sonriente, blanco, alto, flaco, melenudo y con anteojos.

Candy*, una joven peruana que se dirigía a su país con el corazón en ruinas, también se compenetró en esta pequeña OEA itinerante.

Se decía que el autobús se había retrasado porque tuvieron que detenerse varias veces para reparar una falla que venía agravándose con cada kilometro alcanzado.

 Sin duda,  el mayor desafío a la anatomía humana era  tratar de dormir durante ocho días y medio en un ángulo de aproximadamente 94 grados, que era todo lo que podía inclinarse cada asiento del colectivo, para intentar descansar.

Durante la segunda noche del viaje algunos pasajeros eran despertados por la sensación de falta de movimiento y efectivamente, comprobaban que el transporte se hallaba detenido. La situación iba sumando más atraso.

Sobre las 3 AM alcanzaron la frontera con Ecuador. Ahí sellarían su salida de Colombia y luego debían atravesar a pié un frío puente, para marcar ingreso en el nuevo territorio.

La tarjeta del Banco de Venezuela se deslizaba por última vez a través del sensor de un cajero colombiano, dando el mismo resultado para el cronista: no era posible retirar más afectivo.

Debía olvidarse para siempre de los casi dos millones de pesos que permanecían en la cuenta habilitada por los opresores de su país.

De ahí en adelante, le tocaba resolver con la divisa americana que había conseguido por su cuenta en el mercado negro.   

Varados en Quito, frente a un supermercado

Ya para el medio día, la unidad atravesaba la avenida Simón Bolívar de Quito y se detuvo en un semáforo en rojo.

El escritor hacía rato observaba el apacible paisaje ecuatoriano a través de la ventana. El resto del tráfico avanzaba con naturalidad dejando de lado al colectivo, que permanecía como un animal inerte bajo el sol, como buscando calentar su temperatura corporal.

La ansiedad se manifestaba en un silencio punzante. El Neanderthal apareció con potente y agresiva voz:

        -   Señores estamos accidentados, tenemos un problema con la manguera del compresor, pero ya mandamos a buscar a un mecánico para que la repare.

El justo descontento de los usuarios se desbordó en reclamos gritos y recriminaciones, pero el poder y la desfachatez de estos conductores era como la de gobernantes reprimiendo para no perder el control de la situación.

Esta coyuntura fue inmediatamente confrontada por el Presidente de los pasajeros, quién anunció un plan de contingencia para revertir el problema: comprar aguardiente y jugo de frutas tropicales para hacer un cóctel.

En ese punto ya había mucha camaradería: “Venezuela”, “Colombia”, “Ecuador”, “Perú”; cada grupo se refería al otro con el nombre de sus respectivos países. Inmediatamente aparecieron los dólares en sus diferentes formatos; billetes, monedas de un centavo, un cuarto y los populares "Washingtons".

Una comisión integrada por Leonardo y dos jóvenes del entorno presidencial fueron los encargados de comprar la mercancía en el hipermercado que estaba a 20 metros de donde permanecían, se divisaba a través de las ventanillas.

Los chistes, las risas, las chanzas por la evidente cercanía entre Eva y el sonriente hippie melenudo, el hambre y las historias personales, contadas por cada uno, evidenciaban el tiempo transcurrido, que se podía ver a través del cristal de las dos botellas de aguardiente vacías.

El cronista revisaba su presupuesto para disponerse a comparar algo para echarle al estómago ya que los domingos, en cualquier parte de mundo, es el día de no hacer nada, por ello, la tripulación del autobús tardaba tanto en encontrar una manguera nueva para el compresor, la cual , era fundamental, entre otras cosas para los frenos.

Una señora que también se dirigía a Guayaquil pidió al cronista que le hiciera el favor de comprarle un jugo. Otra dama también le encargó una coca-cola. El periodista salió con 7 dólares camino al supermercado, Candy, la chica peruana, pero que no lucía como tal, lo acompañó. Ella también necesitaba comprar algunas cosas.  

Las puertas corredizas del establecimiento se abrieron, Candy y el cronista entraron, este último deleitó sus ojos al ver los anaqueles llenos de variados productos y marcas que en su ex país llevaban tiempo escaseando por el guión aplicado por quienes usurpan el poder, venido directamente desde Cuba y que, Allende, en su momento, también aplicó en  la Chile pre Pinochet.

-   ¿En serio en su país no se consigue papel higiénico, ni carne, ni harina, ni artículos de higiene?

El cronista sintió vergüenza al responder. Observar todos esos productos con su verdadero valor en dólares le hizo darle el beneficio de la duda Rafael Correa y su gabinete económico, quizás este presidente era diferente al resto del club de los caudillos.

Una economía dolarizada decía mucho en su favor, apartándole de los otros miembros del club formado por mandatarios de Bolivia, Argentina, Nicaragua, Cuba y Venezuela.   

Veinticuatro horas después Roberto*, otro ecuatoriano que se unió al viaje en la terminal de Ormeño en Quito, le contó que al principio, la economía dolarizada ayudo mucho a los de su país, pero luego el gobierno empezó a cobrar impuestos de forma desmedida.

Él vivía en una vivienda alquilada, poseía un vehículo humilde y una moto. Se veía obligado a cancelar un impuesto por posesión de bienes de transporte o algo así, además de otra serie de gravámenes que le habían obligado a emigrar a Argentina para trabajar, dejando a su esposa y sus tres hijas para conseguirles un mejor sustento. El pobre no podía dejar su condición tan rápidamente como la gente imaginaba.

El impetuoso e irrespetuoso Correa volvió a ser arrojado al tacho de la basura de los caudillos dictatoriales del hemisferio sur.

Lo que si era cierto es que las Pringles podían ser compradas en un dólar, todo lo que quisieras llevarte tenía un precio real en divisa americana, la cual, circula libremente en el país. Cuan jodida está la tierra innombrable de donde había partido el narrador.

Entre las desgracias de Venezuela y las que les estaba contando su nueva amiga Candy, el cronista no pudo dejar de establecer una analogía entre ambas. La chica que iba a su lado era una joven que había sufrido de niña un trauma que le había jodido su presente y, si no trabajaba para solucionarlo, quizás su futuro fuera aún peor.

El testimonio sirvió para atar cabos y entender por qué Laura Bozzo había emergido desde el Perú como una fuerza avasalladora que vivía de exponer la sordidez de las comunidades marginales.

Hoy México es quién la alberga para que siga exhibiendo la decadencia actuada y magnificada de los desposeídos, ese lado que no se extinguirá hasta que el populismo mediático desaparezca y para que eso suceda, esas clases menos favorecidas deben escalar posiciones económicas a través de la preparación y el trabajo duro, para no aparecer denigrándose en TV, es decir, el mismo callejón sin salida de siempre que nos lleva a una utopía.



“Al hombre que reclama mucho hay que ponerle los cuernos”

“Al hombre con melena hay que ponerle los cuernos”

Como una letanía cantaba el Neanderthal del altiplano su presunta canción típica peruana, mientras, los otros dos choferes y el administrador de Ormeño en Ecuador reían y se burlaban del cronista venezolano y del hippie ecuatoriano mientras intentaban mediar para que habilitaran otra unidad de transporte o, por lo menos, les devolvieran el dinero de los boletos, para seguir el viaje por su cuenta.

 Habían transcurrido cuatro horas y el bus seguía varado. No consiguieron el repuesto nuevo que hacía falta, en su lugar, encontraron un mecánico que repararía la manguera averiada, aumentando nuestras posibilidades de salir en los medios como victimas de un terrible accidente en la autopista de los andes, prolífica en pendientes y curvas peligrosas.

Los pasajeros básicamente fueron sometidos a cumplir con la despótica voluntad de los conductores, quienes se defendían ferozmente, aunque les hacíamos saber que el reclamo no era personal, sino contra la empresa para la que trabajaban, la cual, no deberían defender con tanta vehemencia ya que en cualquier momento esta también los podría correr como a unos perros cuando se le cante.

El hippie fue blanco de más burlas y chanzas cuando Eva fue rescatada por otros amigos de Venezuela, quienes la llevarían sana a su destino. El Presidente reía, porque ni siquiera un beso pudo darle el amigable joven. Hasta llegar a su destino al amable personaje solo le quedaba reírse de si mismo con el resto de sus compañeros de viaje.

La mayoría de los pasajeros que iban a Quito o Guayaquil fueron rescatados por familiares y amigos.

“Vaya con fe”

Eso fue lo que dijo el mecánico al escritor cuando este interrogó qué pasaría si la manguera de los frenos se llegase a dañar en pleno trayecto por la autopista empinada, curvilínea y peligrosa de Los Andes.

Al narrador no le quedó otra que cubrirse con la sangre preciosa de cristo e invocar a todos los santos para poder llegar a salvo a destino y seriamente, gracias a la ayuda divina, se debió el buen final del trayecto, no sin antes, por supuesto, pasar a recoger en la terminal de Quito a Roberto y Sancho* , el artista gallego, ambos harían trayecto hasta la ciudad de Mendoza.

Roberto iría revelando más detalles de  Ecuador y los planes de la clase gobernante para perpetuarse en el poder, al igual que en Nicaragua, Bolivia, Cuba, Venezuela y Argentina.

Al momento de terminar esta crónica, el realizador de la misma había recibido su ordenador formateado y con Windows XP, pero su disco duro portátil de un terabyte no había corrido con tanta suerte, Ubuntu había dañado el dispositivo con particiones y reescritura que trajo como consecuencia una data irreconocible en ningún equipo y lo más probable, es que habría de formatearse.

Las noticias sobre las deportaciones de ciudadanos colombianos por parte de la tiranía venezolana le afectaba, porque se trataba de gente inocente y en su mayoría trabajadora, pero tampoco podía dejar de pensar que toda la incomodidad y molestia ocurrida con su ordenador y su disco duro tenían que ver, posiblemente, con costeños que no podían evitar demostrar la viveza latinoamericana que tanto afecta a victimas y victimarios, por eso, tantas percepciones y sentimientos encontrados.

He de creer que no se trata de un estigma cultural, sino, al contrario, nosotros somos el estigma de la cultura.  
                         

© Edwing Salas

(*) Nombres ficcionados de personas reales para mantener su integridad física y moral.


01/09/15

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