Más números rojos


Es de suponer que con un desarrollado instinto de conservación y supervivencia, se pueda tener, además, la capacidad de la predicción. 

Así sucede. Pero no siempre.

Las posibilidades se calculan con una matemática natural; inherente a cada respiración, movimiento y acción registrada.

Estas infalibles capacidades, también deberían venir acompañadas por una hoja de Excel, donde se registren todas las posibilidades e imposibilidades que constituyen una  determinada situación. 

Un grillo va y viene en constante repetición. Es un loop deliberado. Lo único que se puede pronosticar.

Letras, signos, oraciones y párrafos constituyen un territorio. Una ciudad que se levanta sobre ruinas de algo concebido con aparente lucidez. 

El frío, el sudor, las manos arriba, sin sentido alguno, recuerdan a la canción “Stranger in the stranger land”.

No existe niño de llanto eterno.

Está el cronómetro y su delgada frontera. Esa que permite sombras, abstracciones y movimientos de ajedrez. 

La pieza más pequeña es sacrificada en menos de cinco movimientos. Continuidad “Kubrickiana”. 

Siempre, en búsqueda de la heroína perfección. Esa adicción mortal y sin ningún beneficio.El instinto es pecado mientras sea lo que el resto no busca.

El espacio lo determina la cantidad de arcilla que mancha límites. 

No puede brotar más que un solo de fraseos distorsionados. Como en vértigo continuo. La soga que permanece fija y el entablado gira en su búsqueda. Un suspenso del siglo XX, el mejor de todos, sin duda. 

A fin de cuentas, no se trata de eso, sino, más bien, de una estructurada descripción que pudiera tener una paleta que mezcle la obra de Schrader, Los Farelli, Mamet, Allen o Junot Díaz.

La circunstancia supera y revela la verdadera caricatura, razón por la cual, la culpa siempre resulta un recurso un tanto sobrevalorado, pero bien justificado.

© Edwing Salas
17/10/15   

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