Un cuento a lo George Romero



El paisaje del barrio es como todos los domingos a esa hora: tan desolado que el viento deja escuchar sus ráfagas. Alguien se acerca arrastrando sus pasos. El hombre que camina tambaleándose luce terriblemente mal: usa vaqueros cortados hasta las rodillas, tipo bermudas, es raquítico, pies descalzos, cabello escaso y despeinado. Su color de piel es beige. En lugar de nariz, tiene el orificio nasal en carne viva sobre el que hay una venda con una mancha de sangre seca. 


Camina y se le cae una oreja. Detiene la marcha, se inclina y agarra el órgano recién caído. Vuelve de nuevo a su posición original y contempla su pedazo de anatomía con asombro.

Una mujer grita:

-¡Dios mío! ¡Un zombie!

Él se sorprende y mira a la mujer. Intenta comunicarse, pero solo deja escapar un sonido inentendible.

-Arrrrgggggg

El siguiente grito de la mujer contiene más pavor.

-¡Aaaaaaaayyyyyy!

El Zombie mira su oreja y trata de ponérsela. Se queda quieto por unos segundos, la oreja vuelve a caer. Él se queda mirándola fijamente.

-¡Arrrrrgggg! ¡Arrrrgg!

La mujer, no huye, sigue presa del pánico y la histeria.

- ¡Auxiliooooo!

El zombie levanta la cabeza. 

Un hombre aparece y se acerca a la dama en peligro.

- ¡¿Qué  pasa?! ¡¿Viste un muerto o qué?!

La chica ya cuenta con la atención del hombre y sube más el tono de  su pánico

- ¡Auxiliooooo! ¡Un zombie!

El zombie niega lentamente con la cabeza.

El hombre saca a la mujer de su horror: 

- Jajajaja, dejá la paranoia, ese es Abundio, mi primito mudo que tiene lepra.

Abundio “El Zombie” intenta escuchar atentamente lo que dice la mujer. 

- ¡No puede ser! ¡Es un zombie! ¡Te juro que es un zombie!

Abundio niega repetidamente hasta que su cuello se le parte y su cabeza cae de un lado, apenas colgando de un hilo carnoso.Ante tan espeluznante hecho el hombre le recrimina a su primo:

- ¡Abundio dejá las estupideces! ¡Andáte a la casa!

Abundio pestañea, se le cae un párpado, se agacha a recogerlo y se incorpora rápidamente tratando de mantener unida su cabeza al cuello, sin perder su posición. Se coloca el párpado y se le cae a los pocos segundos. 

Finalmente el hombre recrimina el tono exagerado de la mujer:

- Y vos, dejá de ver tanta tele

La chica se ofende tras el comentario:

- ¡Eso no es tu problema!

Los niños del barrio se dan cuenta de la situación:

- ¡Se saliooo el mudo leproso! 

- ¡Mamáaaaaaaa!

Los ojos de Abundio se amplían con ternura. Expresión de tristeza y dolor. Sus lágrimas también caen al suelo.


                    FIN

© Edwing Salas
Adaptado de guión a literatura el 04/10/15

Comentarios