Le France du 1975 - Parte final-


                                                                 

                                                                          ****

-Jamás había visto este tipo de películas  -le dije, minimizando mi grado de incomodidad-

-  - Eres algo conservador  -me respondió con la crónica alegría en su expresión-

Era un hecho, me sentía jodidamente atraído por ella. Tenía que confesarle quién era realmente y lo que estaba haciendo, quizás me perdonaría y empezara a interesarse en mi verdadero yo.

Establecí contacto con sus ojos miel, donde podía verse reflejada la luz de la proyección en la que ocurrían situaciones demasiado humanas para mis gustos. Ella cruzó su visión con mis pupilas hambrientas.

-   -Ya regreso, voy al baño – me dijo –

Esa abrupta pausa significó un duro retorno  a la realidad. La  seguí con mi vista. Uno de mis compañeros también salió de la sala sin despertar sospecha alguna. La ansiedad me hizo su presa.

Claire pulsó la cadena y el agua se llevó la orina. Se posó frente al espejo y sacó el labial. Su boca quedó teñida de rojo para cuando apareció reflejada la imagen de Carlos tras ella. 

La mujer corrió y se prendió a su cuello, rodeándole con los brazos. Carlos se encargó de borrarle los pigmentos escarlata que recién había puesto en sus labios con una pasión vernácula y maestra. Su barba y boina negra le daban un toque bohemio y desafiante.
   
El espejo ayudó al Chacal a ver como entraba uno de sus perseguidores libaneses, quién se sorprendió al escuchar tres fuertes estallidos provenientes del arma de su enemigo, acompañados de los gritos de su amante.

Carlos salió disparando, llevando consigo a rastras a Claire. Mi compañero y otro libanés cayeron al recibir los plomazos del hombre más buscado del planeta.

En la sala de proyección se había escuchado todo, mi otro compañero intentó salir, pero lo vi caer, dándole paso a la irrupción del Chacal y su amante, quienes eran perseguidos por otros dos libaneses que buscaban vengar la muerte de Michel Moukharbal, el terrorista que fue asesinado junto a los dos compañeros del DST, en el incidente de la Rue Toulliers.

-   ¡Nuestra justicia es la venganza! –gritaban los extremistas mientras disparaban a mansalva, buscando dar en Carlos-


La gente salió en estampida vociferando en altos decibeles, el pánico y la confusión arroparon todo como un gran oleaje que devora una costa.

Yo contemplaba todo, sofocándome en mi propia respiración, busqué mi arma y al agarrar la culata no pude efectuar más movimientos, deje de oír, todo a mi alrededor se tornó lento, borroso, solo alcancé a sentir la profundidad de mis inhalaciones y exhalaciones, así como, la percusión acelerada en mi pecho.

“Dios mío, no puede ser” ” ¡Ayúdame dios!” “¡Ayúdame!” “¡Esto no puede ser el final!”.

 Ahí estaba el miedo, con su mano extendida y una sonrisa muy cortés, diciéndome “Mucho gusto”. Lo conocí. “Gracias Claire”.

                         ****

Cuando recuperé el control, me hallaba escondido en un viejo teatro abandonado, a siete cuadras del cine. Me asusté, no sabía como había llegado ahí. Me sentía mareado y confundido, aún hoy, no sé si lo que presencié, fue verdad, o una amarga alucinación, producto de mi severo ataque de pánico.

Claire apareció, me quedé en silencio dentro de mi escondite, empecé a hiperventilar nuevamente. No quise que me viera en ese estado. Ella se acercó al escenario, el cual, era resguardado por un gran telón azul. Bajo la inmensa tela pude apreciar unos pies masculinos. 

Antes de poder comprender bien lo que pasaba, Carlos salió desnudo del  gran cortinal azul y fue hacia su presa con voracidad, su miembro colgaba erecto. Solo la boina negra vestía su cuerpo. Ella lo recibía con un abrazo entregado y un beso de lengua. 

El fuego del encuentro los llevo a tropezarse con varias piezas de utilería vieja, hasta que llegaron a una mesa de billar y se acostaron. Ella se montó sobre el, haciendo girar su cola de caballo en ese movimiento grácil y acertado que conlleva el deseo femenino en plena satisfacción.

Ella se fue despojando de sus ropas hasta desnudar su luminoso cuerpo, que hacía juego perfecto con su cara eternamente sonriente. 

Claire, al final, solo te caía bien. No era yo quien merecería tu entrega de desenfreno juvenil, era un maldito extranjero, un venezolano, el más latino, ese de rasgos más delicados que los de un descendiente de marroquí, el depositario de tus ilusiones más elevadas. 

En ese momento supe que la mayor causa perdida era mi propia vida, ya instalada como ladrillo en el muro de la opresión adulta. 

Tardé un día entero en recuperarme y salir del teatro. Claire y su hombre se habían marchado entrada la medianoche. La fuerza no me daba por muerto, sino algo mucho peor, me consideraban un traidor.

Descubrí el miedo, el despecho y también, que no era tan buen espía como creía. No pude cambiar al mundo, me dejé derrumbar por él. 

Luego de un año de investigación, por fin, determinaron que no traicioné a mi país. Se recomendó que se me diera de baja con una pensión por discapacidad, ya que me fue diagnosticado síndrome de estrés postraumático. Me había traicionado a mi mismo. 

Ese revés me trajo a Reims, intenté llevar la vida de mi último alter ego, Phillipe. Conseguí trabajo como redactor  para publicidad radial. Desempeñando el oficio conocí a Aimé, la secretaria del gerente de una emisora a la que llevaba mis textos. Era una buena mujer. Un honorable premio de consolación.

No la amaba tanto como la construcción mental del amor hacia Claire...acabo de darme cuenta que tenía tiempo sin pronunciar ese nombre, aunque nunca pude olvidarla.

Decidir verla solo como objetivo de inteligencia me hubiese ahorrado muchas consecuencias, pero un hombre solitario nunca llega a madurar del todo. A los veinte, a los cuarenta, a los ochenta. 

Nadie supo nada de ella. Seguramente terminó en algún país lleno de causas perdidas, esos que habitualmente son succionados hasta la última gota por las naciones más poderosas. 

Varias veces me vi tentado para escribirle a Carlos, queriendo preguntar por su paradero, pero desistí de la idea al ver la seguridad desplegada en torno a él. 

Cumple condena de cadena perpetua por haber asesinado a los dos miembros del DST y al terrorista libanés. El incidente del cine no fue tomado en cuenta para abrir un nuevo caso y presentar más cargos. Cuando atrapas al animal, no lo dejas salir  nunca, eso es todo. 

Me recuperé por completo de los ataques de pánico, pero sigo sin olvidar lo que ocurrió. Lo llevo grabado desde mis ojos, como la luz de la sonrisa de Claire. 

Pero el miedo sigue ahí, se ve más grande y fuerte, mejor alimentado. Hoy sus movimientos son más rápidos e impredecibles. 

Crece más y resurge cada vez que los caldeos cometen una nueva atrocidad, derramando la sangre de sus víctimas aleatorias.

Su construcción mental del amor es más poderosa y efectiva. No sueñan con experimentadas mujeres de la vida, de hecho, las detestan, sino, con tiernas vírgenes sobre las nubes. 

La juventud de los nuevos kamikazes, equivalente de idealismo utópico, es aprovechada por quienes se encargan de reclutarlos.

 Los caldeos ignoran completamente la gran verdad del mundo de hoy, la misma que había en 1975: hace rato no existe inocencia, ni en la tierra de los infieles, ni en el cielo de los profetas.
                        

                            Fin

© Edwing Salas 14/12/15

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