Facu




En la esquina de la calle Honduras con la avenida Raúl Scalabrini Ortiz hay un lote cercado que es utilizado como gigantesco mural, para exhibir publicidades de marcas mundialmente conocidas: Sony, LG, Campari, etcétera. 

Siempre cambian las publicidades de las marcas, pero uno también puede toparse con este nombre escrito sobre los anuncios: Facu.

Sobre el asfalto está escrito de igual manera. Una misteriosa impronta por perpetuar ese diminutivo de un nombre.  La esquina lo posee, la calle en general. Un detalle escrito que los miles de transeúntes diarios del lugar ignoran.

Cada quién va a su ritmo y es un cosmos de deseos, metas, aspiraciones y dificultades. Ir envuelto en tu propia aura de vida no deja reparar en esos triviales detalles.

Lo primero que se le viene a la mente a una persona que haya podido fijarse en eso, aparentemente insignificante, rayado en la calle y las paredes, es una historia de amor adolescente. 

Una de esas situaciones locas de la pubertad donde la chica escribe frente a la casa del Romeo que la ha abandonado por otra. O se ha ido a vivir a otro país.

Todo se vuelve un poco más extraño cuando un día, al pasar,  encuentras algún juguete, motivos de colores, adornos, flores. Reparas en esos raros elementos, pero no te importa más nada, sino resolver los obstáculos de tu vida, o llegar al restaurante donde te esperan tus amigos para una velada de tragos, música y risas.

Palermo es una geografía variopinta que se hace fácil de querer. Es imposible no enamorarte de cada calle, cada comercio, cada local, cada sitio nocturno, restaurante o galería.

Múltiples formas y colores, idiomas y rostros de Babel. También, peligros y sus lados salvajes. Autos a toda velocidad y una que otra pelea entre borrachos.

Un domingo, Jesús, María y yo, fuimos a comer hamburguesas en un nuevo restaurante que había abierto justo en la calle Honduras.
Atravesamos la avenida Scalabrini y pasamos por el nombre pintado en amarillo, junto a una estrella,sobre el asfalto. Era nuevo. 

María reparó en él y dijo:

-  - Ah, mirá, seguro Facu cumple años de muerto.

-¿Facu es el nombre de alguien que murió en esta esquina? –Pregunté intrigado- 

Fue en ese instante cuando me contó que Facu era un niño que había sido arrollado por un colectivo número 15, cuando su chofer trataba de esquivar una calle cortada.

No me dijo por qué habían cortado la calle, pero reveló que el conductor dobló hacia Honduras, a toda velocidad, intentando tomar un atajo y le aplastó la vida al niño que, en ese preciso instante, cruzaba tranquilamente con su madre. No me supo decir si ella murió también. 

Pensar que esa esquina es un recordatorio para la persona, o quienes siempre están escribiendo el nombre del niño arrollado, generó sensaciones que todavía trato de descifrar. Debía escribir sobre ello. 

La violencia también rueda en el asfalto. Hay quienes viven repitiendo como mantra que esta es una metrópolis que te puede pasar por encima si te descuidas, y está muy claro que, no sólo sería posible en sentido figurado, sino, también, de manera literal. 


© Edwing Salas
09/02/16    

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